Una rareza como matemático, desprolijo como buen escritor

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Una rareza como matemático, desprolijo como buen escritor

guillermo-martinez


Hace poco tiempo atrás, Mégara no tenía nombre, era sueño e idea. Como ambiciosos lectores que somos, nos pareció interesante sumar las voces de los escritores. El correo electrónico, la mensajería de facebook o el blog propio de ellos, sirvieron como plataforma para lanzarnos al vacío. El entusiasmo y la convicción, hicieron el resto y acá estamos una vez más. A él me lo crucé el primero de septiembre, caminando por Belgrano. Iba pensando algún borrador y en meterme en cualquier librería, cuando lo vi, sentado a una mesa, en la vereda de un café. Incapaz de dirigirle una palabra, pasé de largo, pero fiel a mi estilo, le escribí.

“No hago entrevistas por correo electrónico porque me lleva mucho más tiempo pensar las respuestas, prefiero contestar por teléfono o en vivo y resignarme a la inexactitud de la charla”, nos dijo. El encuentro fue un hecho a su regreso de Colombia.

Guillermo Martínez nació en Bahía Blanca en 1962 y desde hace muchos años vive en Buenos Aires, aunque a esta altura lo conocen en el mundo entero. Su visibilidad se hizo mayor a partir del éxito de Crímenes imperceptibles, llevada al cine por Alex de la Iglesia, como Los crímenes de Oxford, con Elijah Wood y John Hurt, en los papeles principales. Compartimos con ustedes la grata sorpresa que significó la charla con él, fluída, llena de anécdotas, algunas que prometimos reservarnos.


M. Bueno, ahí vamos, Guillermo. Lo primero que se me ocurre es decirte gracias, y proponerte que nos vayamos atrás en el tiempo, lo cual no quiere decir que seas viejo, ¡eh!…

¡Uh, bueno!

M. Contabas que a tus doce años, vivías una época feliz, en que leías sin mirar nombres ni contratapas. La expresión que usás tiene mucha fuerza, ¿a qué te referís exactamente?, ¿a una lectura sin preconceptos? ¿Cuándo cambió eso?, ¿por qué y qué perdiste?

Claro, bueno, digamos había una biblioteca muy grande en mi casa, y yo miraba los libros y los abría y no tenía ninguna idea de si los autores eran argentinos, extranjeros, si era alta literatura o baja literatura. En mi casa siempre fue muy ecléctico el tema literario. Mi mamá estaba estudiando la licenciatura de Letras y había toda una biblioteca clásica digamos, pero a la vez ellos recibían la colección Capítulo de literatura argentina, y también estaba toda la biblioteca de literatura social, Álvaro Yunque, Leónidas Barletta, Roberto Wernicke, Bernardo Kordon.

Y todo lo que tiene que ver con la literatura fantástica, que son como las dos grandes bibliotecas de los últimos cincuenta años en la argentina: Borges, Marcos Denevi, Silvina Ocampo, Bioy. Para mí era todo esencialmente una sola cosa, así que yo no sabía muy bien qué estaba leyendo. A veces tenía algunos consejos o guías de mi papá, sobre todo porque a él le gustaba mucho la ciencia ficción, la literatura policial. Compraba la revista Péndulo, y recibían las revistas literarias de Buenos Aires, el Escarabajo de Oro, por ejemplo. Estaban muy pendientes de lo que fuera polémica, de Sartre con Camus. Estaban los libros de Althusser… o sea, hay una biblioteca.

A mi papá le gustaba mucho Cioran (nota de M: Emil Cioran -1911/1995-, escritor, ensayista y filósofo francés de origen rumano, autor de Breviario de podredumbre y Silogismos de la amargura), le gustaba mucho Bachelard. Bueno, yo tuve esa biblioteca, después me la traje aquí a Buenos Aires y realmente me parece notable la diversidad de cosas que ha leído él en su vida.

M. Ahora, cuando uno habla de diversidad, ¿te parece que es eso es lo que contribuye de alguna manera a no tener preconceptos?

20160917_185323Bueno, yo era apenas un adolescente, no era que sabía que había que leer tal cosa. Mi papá me decía, “Mirá ésto, qué bueno”, y yo me leía a todo Ray Bradbury, en una época, él me iba guiando también de acuerdo a mi edad, en algunas lecturas. A mí me gustaba mucho la novela policial en la adolescencia, así que me leí todos los libros de Agatha Christie. Después, muchos de la colección del Séptimo Círculo, la serie negra. Así se empieza con las propias lecturas, a mí me gustó mucho Dashiell Hammett (nota de M: escritor estadounidense, autor de novela negra, entre ellas la muy conocida El halcón maltés), y empecé a leer a Henry James y me gustó mucho Sartre. Me leí una cantidad de novelas de nuestra época, una época como así medio existencialista, ¿no? Pero también la literatura argentina, Cortázar también llegaba a mi casa, y mi mamá era fanática de Alejo Carpentier, tiene todos sus libros, y también le llegaban los libros de Gabriel García Márquez.  En fin, había una biblioteca muy variada.

M. Cuando contás que durante tu infancia, en aquélla Antología del cuento fantástico, de Roger Caillois, descubriste a Borges, señalás especialmente que para vos era solo el autor de un cuento de muchos otros que te habían impresionado…

Sí, había dos cuentos, ahora la estuve… bueno, la volví a mirar -por una pregunta que me hicieron también de sobre las primeras lecturas- y veo que Roger Caillois eh….

M. Que tradujo también las Voces, de Porchia, hablando de Caillois, me hiciste pensar en esa edición que yo tengo, una viejísima.

Ah, mirá. Pero te decía, Caillois selecciona unos pocos escritores de de distintos países del mundo y en la selección que hace de la literatura argentina están Cortázar, Borges y creo que está Bioy. Pero de Borges selecciona dos cuentos y lo que me pareció muy interesante es cómo él, de algún modo, ya vislumbraba el papel o la importancia que Borges iba a tener. Uno es justamente este cuento, uno de reminiscencias árabes de donde él imposta la voz de un árabe y yo de ahí copié para un cuento que escribí en esa época.

M. De copiar quería hablar, vos dijiste que recién después de la primera lectura completa de un libro suyo, Ficciones, empezaste a distinguirlo y a separarlo. Y a reconocerlo, en todas las acepciones de la palabra. ¿Qué otros autores además de Borges y Henry James, distinguís, separás y reconocés? ¿Recordás que otras lecturas te impresionaron como para llegar a tratar de copiarlas?

Bueno, yo escribí también novelas, no copiarlo en el sentido del plagio eh, me gustaba el modo, ésto es lo que me gustó evidentemente, no me acuerdo bien ahora, pero la libertad que daba Borges de imaginarse cómo estaba en cualquier otra civilización, en cualquier otra cultura y que podía escribir, imaginándose en ese lugar tan diferente, eso es lo que yo tomé sobre todo, ¿no?.

Pero tomé de todo ese libro, porque todo ese libro tiene personajes así muy exóticos y con situaciones extrañas, tengo que ir por otro cuento de ese período que era como una especie de monstruo ermitaño que yo imaginaba que también se correspondía a la clase de imaginación que había en ese libro.

Ese libro y un libro anterior, de hadas, un libro de cuentos de hadas ruso para mí fueron influencias importantes. También de esa época Le grand monde (nota de M: de Guy des Cars, autor francés, con infinidad de títulos muy conocidos, rotulado como escritor de best sellers), que a mí me dejó una impresión muy grande. Y en Acerca de Roderer, de algún modo, recobro algo de esa clase de personajes. Después volví a leer Le grand monde, de grande, y bueno ya no, no entendía que le había encontrado en la adolescencia. O sea que es un libro que me parece no resiste una segunda lectura, como pasa a veces con los libros de juventud.

M. A esa edad a la que estamos haciéndote volver, escribiste Peón cuatro rey, con el cual ganaste tu primer premio en la Universidad Nacional del Sur, ¿recordás si fue uno de los que participaron en los certámenes literarios organizados por tu padre? Respecto de estos concursos de entrecasa, te diré que no recuerdo que hayas contado cómo quedabas ubicado entre los cuatro hermanos, en el ranking de las calificaciones de cinco ítems que él consideraba: Originalidad, Resolución, Redacción, Prolijidad y Ortografía. ¿Si tuvieras que considerar esos ítems para calificar tu escritura, cuál sería el orden?

Seguramente, seguramente… pero los certámenes que hacía mi papá tenían más que ver con unas historias del señor Porcel que aparecían en un suplemento cultural de Landrú, a mi papá le gustaba el humor de Landrú y nos leía las historias del señor Porcel y uno tenía que inventar. En general me acuerdo de eso.

M. ¿Recrear?

Inventar una historia con alguno de los personajes, en una situación similar.

M. Siempre que he leído entrevistas que te hicieron, en donde contabas esos certámenes organizados por tu papá, pensaba “qué maravilloso que un padre haga eso”…pero, reitero, no recuerdo haber leído cómo te iba a vos en ese ranking de tu papá… Originalidad, resolución, redacción, prolijidad y ortografía, entonces te pregunto ¿cómo dirías que calificabas?

Y… siempre me iba bien en la originalidad… la ortografía es un tema que se zanja con la lecturas, no tenía mayores problemas por lo mismo con la redacción…

M.. Guillermo, no estás respondiendo…

Jajaja…bueno, ¡un desastre con la prolijidad!

M. Una primicia para Mégara! ¿Lo seguís arrastrando?

¡Siempre! Hay una especie de imaginación popular sobre el ser matemático.

M. No, no ¡eh! No vas a meterte en ese berenjenal, siempre te encargaste de decir que vos no sos matemático antes que escritor.

Bueno, pero la gente me reconoce como matemático y piensa que mi escritorio va a estar ordenado y que voy a hacer las cuentas. Viste cuando te traen la cuenta de la cena, ¿no?, bueno, ¡que voy a hacer las divisiones!

M. Tu primer libro de relatos, La jungla sin bestias, con el que ganaste el Premio Nacional Roberto Arlt, a tus 19 años ¿por qué nunca se editó? Alguno de ellos formó parte de Infierno grande con el que obtuviste el premio del Fondo Nacional de las Artes?

No, porque ahora que me lo decís, hace poco reencontré la carpeta con esos cuentos y lo que ocurrió fue algo así…yo fui recopilando los cuentos que me parecían publicables a cierta edad. Con parte de esos cuentos, o con casi todos, me presenté a ese concurso que gané, el primero, el Roberto Arlt. Después escribí algunos más y me presenté, creo que con el mismo título al Premio del Fondo Nacional de las Artes, que también gané. Y de ese conjunto de cuentos, que son unos veintidós, yo elegí diez para Infierno Grande, los otros son los que quedaron inéditos. Y uno de ellos lo rescaté para mí último libro de cuentos. ¡No diré cuál!

M. Está muy bien conservar el misterio, no te vamos a preguntar cuál es.

Jajaja, bueno, pero, repasando el asunto, hay un cuento que yo escribí a los catorce años, y otro cuento lo escribí a los veinticuatro y no me pareció del todo bien para Infierno grande, pero lo recuperé, digamos, para el último libro. Me pasó con ese cuento, no con tantos otros. O sea, no me darían ganas de recuperar el resto.

M. Nos queda claro que tu vocación por la literatura fue anterior a la matemática, carrera que elegiste por seguir el consejo de tu padre de tener una profesión que te permitiera mantenerte. Cuando te instalás en Buenos Aires, ¿ya habías terminado tu carrera e hiciste aquí un doctorado? ¿Desde entonces te dedicaste a la docencia?

Muy bien…La literatura fue antes: ¡título!

M. La literatura fue antes…mmmm, no, no, ese no va a ser el título. Te preguntaba, desde que viniste a Buenos Aires, y elegiste la matemática como profesión siguiendo el consejo paterno, ¿acá hiciste solo el doctorado?

No, hice primero magister, que es un título que se da en la Universidad del sur, pero se puede cursar en cualquier Universidad. Entonces, yo curse las materias acá en Buenos Aires. Mi título magister me lo dio Milstein, mirá vos, hay una foto. Y después, cuando tenía el magister hice el doctorado y estuve acá en Buenos Aires, fueron como cinco años todo ese proceso.

M. Cuando ya estabas instalado acá, entonces, habías seguido los consejos de tu padre, elegido una carrera, pero la literatura estaba ahí, pidiendo pista ¿cómo llegaste a hacer taller literario? ¿Cómo llegaste al de Liliana Heker?, y ¿qué buscabas?

Por derivación del taller de Abelardo Castillo, él tenía siempre muchos aspirantes y me dijo “Mirá, no estoy con lugar, pero por qué no probás con Liliana Heker?”. Consejo que agradezco. Yo los había leído a los dos y en un sentido me alegro de haber ido finalmente al de Liliana Heker, porque el de Abelardo Castillo era un taller más despótico, más tumultuoso, más emocional, Liliana Heker tiene una formación en física, es más cercana.

M. Hay una anécdota con ellos, muy jovencita Heker quería publicar un poema suyo en la revista “El Grillo de Papel”, que dirigía Abelardo Castillo, quien resultó su primer crítico al contestarle: “Tu poema es pésimo pero por la carta se nota que sos una escritora”. Por el de Liliana pasaron, muchos escritores reconocidos.

Sí, varios eh, Pablo Ramos, Golombek, Juan Sabia, Raúl Brasca, te hablo de gente que ha sido publicada posteriormente, Romina Doval, Samanta Schweblin.

M.. ¿Y la Bahiense?, ¿Valeria Tentoni?

No, Valeria Tentoni fue al taller de Laiseca.

M. A finales del 2012 la Editorial Alfaguara, para presentar la antología literaria Cuentos de tenis, organizó un partido de tenis con Ricardo Cano, en el que todos apostaban que ibas a perder, lo cual efectivamente parece que fue así. ¿Qué te atrajo de la propuesta de reunir historias de autores que cultivaron la pasión por la raqueta y la literatura?. ¿Si tuvieras que elegir alguna de las perspectivas elegidas por los once autores antologados, cuál elegirías y por qué?

Ay, sí, pero fue para el olvido, un día de viento como los peores días de Bahía Blanca y jugué muy mal, no juego tan mal como jugué ese día. Ahora ¿qué me atrajo? Yo fui uno de los de la idea, en verdad.

M. ¿Y conseguiste vos que la Heker presentara el libro en el Darling Tennis Club de Buenos Aires?, tampoco sabía que era una amateur .¿Jugaba al tenis? ¿O juega?

Liliana hace como diez años que juega al tenis, juega casi todos los días.

M. Mirá vos…retomando, te preguntaba, si tuvieras que elegir la perspectiva del tenis desde su literatura, ¿cuál de elegirías de los de esa antología?

El cuento que más me gustó fue el Fabio Morabito (Nota de M: Fabio Morábito nació en 1955 en Alejandría, Egipto. Es narrador, poeta y traductor). Me encantó ese cuento.

M.  ¿Leíste “Grieta de fatiga”?

No. Leí después un libro de cuentos que no me gustó tanto. O sea, después, a raíz de este cuento, me compré un libro de cuentos que está en Eterna Cadencia. 

martinez-1Me impresionó mucho más este cuento, que las otras cosas que leí de él. Pero, bueno es lo que pasa en literatura. Y siguiendo con el tema de la antología, te quiero decir que la idea de ese libro salió cuando me invitaron a una cena, a propósito de la visita de un español que ganó el premio Alfaguara, ahora no recuerdo su nombre tendría que volver a rastrearlo (nota de M: suponemos que se trata del murciano de Caravaca de la Cruz, Luis Leante, que lo ganó por Mira que yo te querré, en el 2007, considerando que en las siguientes premiaciones hasta el 2012 en que se presentó la Antología, no hubo otro español, ya que Andrés Neuman que lo obtuvo en 2009, aunque radicado en España, es argentino), acá en la Argentina y empezamos a hablar con Fernando Estévez, que era en ese momento el editor.

Estaba también Augusto di Marco que después fue también el director, que había jugado al tenis, había otra persona en la mesa que también había jugado al tenis, y así empezamos a barajar los nombres de libros en los que se mencionaba el tenis. Y donde tiene cierto papel el tenis. Entonces yo recordé el cuento de Daniel Moyano y hablamos de la película Match Point y de esto y de lo otro.

Y ahí dijimos: “Pero bueno, se podría hacer un libro sobre cuentos de tenis”. Claro, tenemos cuento de fútbol, cuentos de navegantes. ¿Por qué no? Y me encantaría hacer uno de cuentos de ajedrez y otro de cuentos de magia, otras dos cosas que me interesan.

M. Bueno, hablando de la magia, me resultó muy divertida esa anécdota que contás de un cumpleaños infantil en donde veías un montón de chiquitos más entretenidos en molestar al mago que en disfrutar la magia.

Y las madres extasiadas …

M. Hablamos de la literatura y el tenis, pienso en otras obras tuyas donde aparecen el ajedrez, el scrabble y hasta el pool…

…y natación. Tengo también la antología con Paula Bombara (nota de M: escritora y bióloga también bahiense), que es literatura y ciencia, que la hicimos para el plan nacional de lectura. Y ahí también recopilamos cuentos que para mí están muy bien, muy interesantes, sí.

M. Volviendo a la pregunta, te decía que recuerdo alguna declaración en el sentido de que en casi todos tus novelas hay un personaje que se está iniciando en la literatura o en la ciencia y tiene una contrafigura a la que derrotar, e inevitablemente vuelvo a Roger Caillois, de quien hablamos, y recuerdo su obra Los juegos y los hombres, donde revaloriza el valor cultural de los juegos y los categoriza a partir del elemento que predomina en ellos: Agon (competencia), Alea (azar), Mimicry (simulacro) e Ilinx (vértigo), ¿podríamos decir que el juego es la base de todo argumento? o que todo argumento reconoce su estructura en alguna de esas categorizaciones?

Yo no iría tan lejos. Incluso en la matemática la teoría de juegos es muy interesante. O sea, hay un tema que yo estoy pensando, que dejó de algún modo planteado Wittgenstein, en la paradoja de las reglas finitas, que tiene una interpretación, digamos a través de un juego de adivinación en la continuación de una serie. O sea que hay una parte de la lógica-matemática y de la matemática, en donde la cuestión de los juegos se vuelve realmente profunda para interpretar una cantidad de cosas o para traducir una cantidad de cosas.

M. ¿En qué nos ayudaría a interpretar en literatura?

Bueno, para mí por ejemplo hay un juego. Ayer justamente di una charla sobre Cortázar y él hablo en un momento de la dialéctica que hay entre el autor y el lector. Para mí la lectura es una clase de juego.

M. ¿Una interacción?.

Sí, yo lo comparé alguna vez con el juego de tenis que los dos contendientes tienen que estar más o menos parejos para que el juego resulte interesante ¿no? Porque si el autor está muy por encima digamos de la capacidad de interpretación del lector, y el lector no está a la altura, no va a entender la cantidad de alusiones escondidas que hay en cada libro… O sea un libro presupone siempre un mundo cultural. Y a la vez también se da al revés, a veces el lector tiene un especie… de ínfulas culturales que sobre interpreta y vuelve ridículas muchas de las frases que para el escritor tenían otro sentido. O sea, carga de sentido equivocado frases que no lo tienen. Conclusión, tiene que haber una especie de paridad, ¿no?

M. O sea, que estamos más en la categorización de la competencia.

Y de ahí, otro juego se da en la novela policial, un desafío. El lector ahí lee entre líneas, lee sabiendo que tratará de ser engañado por el autor en algún punto ¿no? Mucha gente no tolera las novelas policíacas porque siente que le están haciendo trampa. Pero bueno, es el planteo, y tienen implícito un pacto donde hay una relación de competencia, por eso es interesante los niveles de lectura que siempre trae una novela policial.

M. Alguna vez dijiste “Uno está frito si se pone a pensar en los lectores. Si yo pensara en ellos estaría haciendo Acerca de Roderer 2 o Crímenes imperceptibles 3. Creo que uno tiene que pensar en uno mismo como lector. Acabo de releer Cosmos, una gran novela que me fascina. Yo quisiera generar en alguien lo que ese libro genera en mí”.¿Qué genera en vos esa gran novela?

Totalmente. Es una novela que parece una novela policial pero es una novela filosófica, me gusta mucho eso que tiene, que sin perder algo de lo que es la tensión del género policial, va por otro lado. Sí, crea el crimen por pura fuerza de la obsesión mental ¿no?, es como si la obsesión que ponen en juego estos dos personajes, fuera trazando un mundo puramente ideal, las líneas de fuerza que terminan con un crimen ¿no?, es una idea que Gombrowicz ya la había ensayado de una manera magistral en un cuento que se llama Crimen premeditado que tiene algo muy similar, una idea bastante parecida.

M. ¿Cuál es el crimen perfecto?

Uff cualquiera casi que se cometa en la Argentina, ¿no?, jajajaja…

M. De eso podríamos hablar!…pero sigamos con el tema del fomento de la lectura, en tu época, por lo menos, tu papá decía que no había que tener televisor…

Mi papá…mi papá también decía: “Nadie vuelve del ridículo”, y todos vuelven del ridículo.

M. Absolutamente!. Pero respecto de la decisión de tus padres de no hubiese televisión en la casa para inclinarlos a la lectura. ¿Creés que para ser lector hay que tenerla vedada, así como también regular el uso de la computadora o los videojuegos? ¿Con tu hija repetiste el modelo o te alejaste de él?

Es que es muy curioso, hay un televisor muy grande porque estoy un poco corto de vista. Pero mi hija digamos deambula de pantalla en pantalla y a veces es difícil sacarla de ellas, o es el Iphone, a veces es su Mac, a veces es el televisor. Por eso mi lucha de esta época es tratar de sacarla a pasear, a caminar, a hacer un deporte..

M. ¿A descubrir otros mundos?

Claro. Bueno, la otra vez logré que me acompañara, ¡bah!…logré no, lo quiso hacer, fui a General Villegas a dar un taller allá, y me gustó la idea de ir al campo y de hacer que viera durante unas cuatro horas en el camino, campo argentino, yo quería que tuviera esa experiencia, la que yo tenía cuando era chico porque iba un poquito al campo y bueno, todo esto de ver el camino, los distintos sembrados, los molinos, las vacas, los caballos…

M. ¿Qué edad tiene?

Once.

M. Once años y ¿lee?

Sí, lee… lee, pero Chicas de New York. Jajajaja, qué sé yo.

M. ¿Qué dice de un papá escritor?

Le gusta, le gusta. Le gusta, pero ella dice que no va a escribir. Ella tiene un blog de modas, desde hace un año y medio. Con más de veinte mil visitas, y que lo escribe todas las semanas, además tiene ya un diseño especial, cada entrada tiene un pequeño vídeo alusivo, y después un collage que ella arma con ropa.

M. ¿Pinta para el lado del diseño?

No sé, pero tiene una cosa algo creativa, y me sorprende la constancia, porque cualquiera diría, a esa edad?. Pero, bueno, en el caso de ella, cuando se enteraron en la revista Para Ti le hicieron una nota, y además le dieron la cobertura del desfile del año pasado de Martín Churba. Se lo entrevistó al diseñador y ella escribió la reseña.

M. Qué lindo, y una nena de once años.

Sí, y el año pasado tenía diez.

M. Te escuché decir que “El canon no es más que una especie de manifestación de impotencia de no poder leerlo todo. Es un modo de seleccionar lo que se cree que puede ser representativo de otra cosa, cuando en realidad todo gran escritor tiene que ser una excepción. Lo interesante de la literatura es la excepción, no lo que todos hacen igual”. Considerando que en el consenso, el canon es la vara de medir o modelo a seguir, ¿en tu conceptualización, no resulta demasiado alta?

Y, algo de eso hay, claro. Por supuesto, es una selección que intenta algo así como una representación de líneas principales, pero a la vez todos sabemos que los grandes escritores son siempre excepciones, que no está esa línea, que esa idea de línea ya es muy cuestionable en sí misma.

M. Yo te puedo asegurar que se sigue leyendo en el colegio lo mismo que se leía hace añares….

No, bueno, eso es otro fenómeno que es la vagancia de los profesores.

M. ¿Vos decís que es sólo eso?

martinez-2Eso ocurre en la secundaria y en la universidad también. Los profesores legan a sus alumnos los mismos autores porque ya los tienen estudiados, ya saben cómo interpretarlos, tienen las claves, los papers. O sea, abordar a un nuevo escritor supone todo un esfuerzo, el de valorarlo, ya ahí tenés un primer problema, ¿no? Tenés que poner a prueba un criterio de valoración, si es afín a lo que vos ya tenés o si se opone en algún sentido, si es interesante por qué, rescatar una zona, tomarlo todo y estudiarlo y en ese caso bajo qué perspectiva, no sé, viste que a un autor se lo puede tomar por lugares totalmente diferentes.
Cortázar, por ejemplo, acabo de leer un libro muy interesante que es lo ideológico en la obra temprana de él. Viste que Cortázar siempre decía que él había llegado como tarde a la ideología y a la política. No, si uno lo rastrea, tenía una ideología y sus libros eran políticos en algún sentido, y se lo puede leer de ese modo. Por decirte una…Otro libro excelente que leí el año pasado de cómo se transformó de un escritor que decía que no quería saber nada con las imágenes de las tapas, a ser el responsable no solamente de la gráfica de sus libros, sino en sugerir eh, esa clase de libros casi visuales, ¿no? que fueron sus últimos libros. Ahí hubo todo un camino increíble

M. ¿Cómo demostrar por la obra que se contradecía con lo que había preconizado?

Bueno, él no. Sí, bueno, él fue cambiando en una cantidad de cuestiones. Pero hay otro, el libro se llama Diálogo para una poética sobre Cortázar y analiza la correspondencia con sus editores y cómo interviene para discutir sobre si la rayuela tiene que estar acostada, tiene que estar parada, todas las implicaciones que eso le despertaba y a partir de ese momento, cada vez más…

M. Ahora vos decías que el escritor en realidad tiene que tratar de hacer una excepción y eso es una vara muy alta.

No, yo no digo, o sea, yo creo que los grandes escritores son la excepción, no sé si uno puede con las limitaciones que tiene, en la época que le toca, con el mundo cultural que puede escuchar, está dispuesto a escuchar o no, o sea, ninguna de esas cosas las puede dirigir o las puede predecir, no creo que un escritor pueda hacer demasiado a priori con todas esas variables ¿no? Escribe lo que le interesa, lo que puede, lo que sabe, lo que le sale en cada momento, pero sí me parece que los grandes escritores tienen algún elemento excepcional a su época. No… No… No son los que escriben igual que todos los demás.

M. Viste lo qué pasa con los clásicos?, Italo Calvino decía que un clásico es en definitiva un libro que siempre tiene algo para decir.

Pero Borges tiene otra reflexión sobre eso “a veces sí, y algunas esto así, y en algunos países sí y en otros no”. Los clásicos tampoco son absolutamente universales, o sea que…

M. ¿Ninguno hay universal, te parece?

A ver, de haber, hay algunos que están como más impuestos pero no siempre por razones del todo convincentes. Fijate cómo Borges lee, por ejemplo, a Shakespeare. Siempre tiene algo por lo bajo para decir. Como diciendo: “bueno, esta persona era el equivalente a una persona que escribiera ahora folletines”. O sea, siempre hacía esa clase de observaciones.

Y de Goethe a duras penas si lo rescataba, “para unos no sé qué, y para otros una obra maestra del aburrimiento”, decía de las obras de Goethe. O sea, Borges sobre Goethe es muy crítico. Mirá también Borges contra Joyce.

M. Bueno, ¿qué pasa cuándo una voz con autoridad para hacerlo, te cuestiona un escritor considerado excepcional?

Para mí es refrescante ver que alguien puede leer de una manera independiente de los criterios de época, y se aburre con esa particularidad.

M. Te alejás del canon.

Pero por supuesto, o sea, para mí el canon lo tiene que crear cada lector a medida que se va aventurando, va acopiando lecturas. La academia tiene un canon que será el de ellos.

M. Pero uno puede tener el propio.

Por supuesto, por supuesto. De lo contrario, uno termina creyendo las mismas cosas que creen en la universidad, que para mí muchas de ellas dan risa.

M. Ya que nos metimos con el canon, en Mégara pasamos revista a los derechos inalienables del lector, que sin duda Daniel Pennac enunció desde su mirada crítica sobre la literatura pedagogizante y acartonada que puede importar justamente esa lista o catálogo. ¿Tenés derecho a discrepar?

Sí, cómo no voy a tener derecho. Lo que pasa es que yo creo más que en una cuestión de derecho es la cuestión de leer lo suficiente para formarse un criterio. Yo por ejemplo recuerdo una charla que tuve una vez con Piglia, que a mí me resultó muy interesante en este sentido. Fue cuando yo publiqué Infierno Grande. Entonces le pregunté a él qué estaba leyendo. Entonces, él me dijo que le interesaban mucho unos cuentos que estaba leyendo de Hemingway, los cuentos de Dick Adams (nota de M: Die Dick Adams Stories), y bueno, yo le decía que también había leído otras cosas de Hemingway, pero le trataba de explicar que lo que pasaba es que yo a Hemingway lo comparo… no sé, con Henry James y me da la sensación como si le faltara algo.

Entonces me dijo, y esta es la observación interesante: “Sí, quizás en una historia de la literatura no puedan equipararse las dos obras y posiblemente pese más la obra de Henry James, pero a mí para lo que yo escribo, para lo que yo estoy pensando, para la clase de literatura hacia la que me muevo, me resulta más interesante leer a Hemingway”.

Como diciendo, no sé en la historia de la literatura, no sé cómo se pesa en la balanza supongamos, pero a mí en este momento, para mi obra, yo creo que eso es importante. Sí, bueno, puede ser que me digan que tal autor, que para otro, pero está también mi camino, lo que a mí me interesa. O sea, no hay un criterio absolutamente universal donde haya jueces ecuánimes que puedan decidir sobre ésto.

Además cada época genera sus propios criterios y autores considerados extraordinarios en una época, son olvidados en épocas siguientes, resucitados luego. La literatura tiene mucho de esto ¿no? de morir y resucitar y hacer morir y hacer resucitar...

M. Hablaste al principio de que en la biblioteca de tu casa había literatura fantástica, ciencia ficción. En un reportaje dijiste que habías leído “El arca de agua”, de Doctorow.

Sí, no hace tanto. Extraordinario me pareció ese libro.

M. Algunos dicen que recuerda mucho a Edgar Allan Poe, ¿cuál es la obra de ese género que recordás de aquellas lectura de niño que hoy sabés quién era y qué significa esa obra? Que tuviera ese efecto mismo de hacerte sentir como dentro de esa historia.

Sí, bueno varias, me acuerdo de dos, una es La Tierra Permanece de Stewart que es como una historia apocalíptica donde la humanidad empieza otra vez, me acuerdo que me impresionó mucho. Me acuerdo de los libros de Bradbury, sobre todo Crónicas Marcianas, Las doradas manzanas del sol. No tanto Fahrenheit 451, lo leí también pero no me gustó, tampoco me gustó tanto, uno que se llamaba Remedios para la melancolía, o Remedios para melancólicos, pero sí los libros de cuentos de él ¿no?, El hombre ilustrado.

M. Lejos, El hombre ilustrado.

El hombre ilustrado fue el primero que leí. Después Crónicas marcianas, después Las doradas manzanas del sol, hay uno más, El vino del estío creo que se llama, un libro más de él. Y después de esa línea digamos de ciencia ficción me recuerdo uno que se llamaba Un universo de locos, de Fredric Brown que era muy, eh, muy divertido, me acuerdo que era un libro fantástico.

M. ¿Te gustan esas historias llevadas al cine?

Depende, por ejemplo las novelas de Phillip Dick yo creo que han sido llevadas con bastante fortuna al cine. Pero no sé de Ray Bradbury qué ha ido al cine, la película sobre Fahrenheit no me gustó para nada por ejemplo. No sé qué más se ha hecho en cine, me gustó mucho el Vengador del Futuro, que está basado en otra novela de Philip Dick, incluso me gustó Paycheck que está basada en otra obra de él también. Bueno, por supuesto Blade Runner

M. ¿Aldous Huxley y la influencia de Un mundo feliz, en la ciencia ficción?.

Ah…bueno, Un Mundo Feliz, lo que pasa que ya venía muy castigada en mi hogar de comunistas. Era casi como Trotsky. Me perdí de leer el maravilloso Trotsky porque en mi hogar era mala palabra.

M. ¿Lo leerías hoy?

Sí, por supuesto, cómo no. Pero por supuesto, además realmente es un gran escritor.

M. Hay quienes entienden que a veces uno puede tener pre conceptos respecto de la ideología de un autor y no leer su obra, por ese motivo

Pero claro, mirá lo que pasó a Borges. Una generación entera de escritores argentinos se perdieron de leer a Borges por sus posiciones políticas, acá pasó con el más grande escritor que tuvimos.
Ahora, imaginate, suponte que sos judía y empezás a leer a Céline (nota de M: el considerado genio negro de la literatura francesa, Louis-Ferdinand Céline, autor de Viaje al final de la noche, que a más de cincuenta años de su muerte, sigue en el patíbulo de los excluídos, por sus posiciones abiertamente antisemitas) y te provoca un rechazo inmediato. O suponte, sos un poco feminista y empezás a leer Rayuela

M. ¿Qué hacés?

…Jejejeje, ya no podés leer Rayuela hoy. Es tremendo con respecto al tipo de mujer que retrata.

M. En la razón literaria, que me encantó…

Ah… qué bueno, no tuve muchas lecturas….

M. Me encantó y leí una expresión que me gustó mucho que decía que encontraste que el libro se empezó a ordenar, de la misma manera que tu otro libro de ensayos y que eso te da la impresión de que era “una forma emboscada” de encontrarte a vos. ¿Vos te buscás de esa manera?

martinez-5No, no. O sea me di cuenta de que eso ocurría naturalmente. O sea que es como si uno pensara, como si uno viviera la vida en tres o cuatro carriles. Me pasó cuando tuve que ordenar los cuentos de mi papá, también era como que aparecían, tres o cuatro zonas. Una zona que podría ser sus cuentos con reminiscencias bíblicas, otra zona los cuentos familiares, otra zona eran los cuentos experimentales y a mí me parecía muy claro que era como si uno tuviera una especie de mapa de la forma de intentar, de la forma de crear, pero no eran, eh, y mira que mi papá era muy creativo y eso. Pero no eran cien, cien, o sea, no eran cuatro o cinco. Yo creo que eran cuatro o cinco…

M. Va por ahí entonces…

Sí, claro, son las líneas que también aparecen cuando uno escribe ensayos e ideas. Te vas dando cuenta de cuáles son las recurrencias, sí. No es algo que buscas, vos creás, pensás, pero hay algunas variables que se repiten. Y lo mismo en la vida. Uno tiene cuatro o cinco líneas, ¿no? Tu vida familiar, tu vida profesional, tu vida secreta…jajaja

M. Respecto a eso del recorrido, o de los pensamientos sobre literatura, tomo una frase tuya. Decís que, al mirar hacia atrás, ves que no cambiaste mucho tus puntos de vista sobre literatura, tus sospechas sobre los lugares comunes demasiado establecidos, las afirmaciones y rechazos ¿Cuáles son los lugares comunes, para vos, más establecidos en literatura?

Uf, hay tantos…

M. ¿Cuáles? Decime alguno o el que más te moleste.

“Me interesan más las preguntas que las respuestas”.

M. Por ejemplo… ¿otro?.

Otro: “No me importa la trama” ¿A quién le importa el cuentito? Otro: “Esta novela traté de hacerla diferente de todas las otras, porque no quería abrumarme por la técnica y decidí darle rienda suelta a mi inspiración”. Otra: “Este autor a diferencia de los racionalistas realmente impone las… se nota que… que escribe con las vísceras”. Te digo otros lugares comunes. Por ejemplo, la idea de que todo experimento, por ser un experimento, tiene un crédito, un plus automático ¿no? De expectativas favorables, ese es otro lugar común en nuestra literatura. Es decir, junto con la literatura experimental no se desarrolla a la par una crítica que sea tan filosa como lo es con la literatura que no se propone ser experimental. Otra: “los experimentos son solamente formales”, no tienen en la cabeza la posibilidad de que haya experimentación con la sensibilidad humana, con la naturaleza. Digamos con la forma de ser de los seres humanos en cada época, con los puntos de vista, con los tratamientos diferentes que puede tener un tema. No, parece que solamente la experimentación se reduce a lo formal…

M. Hay un montón más, verdad?.

Y…hoy entrás a tomar cualquier suplemento cultural y sí, ahora no estoy con la cabeza como para hacerte una lista, pero hay.

M. Hablás de algo que me encantó que es la dualidad que existe en la literatura. Lo fácil y lo difícil y los caminos que se pueden tomar, ¿hay un riesgo en esa elección?

Hay detrás otro lugar común: “la literatura buena es la que toma riesgos”, ¿riesgos frente a qué? O sea, si yo escribo riesgosamente estoy escribiendo a favor de todo lo que están valorando automáticamente los académicos. O sea, ¿qué significa exactamente el riesgo? Es otro cliché, el riesgo. Sí… qué riesgos, si después los críticos son los propios amigos del escritor, que están también en la universidad. Bueno, volviendo a la pregunta, ¿cómo era?

M. Claro, vos decís en lo que hace a la lectura, que hay dos caminos a recorrer, uno no requiere más que saber leer, tener educación primaria, y para el otro, se necesita una cierta formación.

Yo creo que hay grandes libros en los dos caminos. Tomo un ejemplo. Yo no creo que El Quijote sea un libro que requiera ninguna formación especial. No hay absolutamente nada en El Quijote para desentrañar sesudamente. Las memorias de Casanova, que es Historia de mi vida, de Casanova, que es un libro maravilloso, no creo que requiera ninguna dilucidación intelectual, eh… Facundo, de Sarmiento, lo mismo.

M. ¿Te gusta Sarmiento?

Sí, me gusta, no soy fanático pero me gusta más como personaje. El sur, de Borges no creo que necesite ninguna formación especial. Sí en cambio, un cuento como El Aleph tiene sus sutilezas.

M. Vida real versus ficción. Y ahí te metiste con los que no lo conocen.

El caso de Borges me parece interesante, porque muestra que en un mismo autor pueden convivir las dos lecturas. Borges tiene cuentos que son arduos, para usar sus palabras, y cuentos que el sentido es evidente en sí mismo, Emma Zunz, El sur, Hombre de la esquina rosada.

M. Lo que se da a leer en los colegios.

Y bueno, es lo más accesible, pero está. También está Borges ahí, en la adjetivación

M. Citaste en tu libro de ensayos, un artículo de Henry James, que es El arte de la ficción, que me resultó muy interesante: “El poder de adivinar lo oculto por lo visto, de reconstruir las implicaciones de las cosas, de juzgar la totalidad de la pieza por la muestra”. Por mi parte, leí sólo una obra de él, Otra vuelta de tuerca, cuyo gran mérito es para mí que permite interpretar y reinterpretar la historia, de acuerdo a cada quien o a cada forma de ver. ¿Te referís a eso cuando decís que compartís la tesis principal de ese artículo de James, en el sentido de que la ficción debe competir con la vida?

Sí, sí, pero hablando de Otra vuelta de tuerca, es como ocurre a veces ¿no?, es lo más conocido de él y no es tan representativo del resto de su obra. O sea, James tiene una cantidad de nouvelles extraordinarias sobre el mundo de los escritores o de personajes escritores, La lección del maestro, La figura en el tapiz, es una lástima que se conozca solo esa novela que es muy buena pero no es lo más representativo de su obra, a mí me gusta más otras cosas de él.

M. A que te referís exactamente, al decir que la ficción tiene que competir con la vida, ¿te tiene que sacar de la vida real, de alguna manera?

Sí, tiene que tener… tiene que crear algo así como una vida propia, no es representación exacta de la vida, sino que extrema algunas cuestiones que uno… es como si uno en la vida advirtiera algunas líneas y las recogiera y las extendiera, se consiguen efectos más… diría yo, más punzantes o más intrigantes o al borde de lo fantástico o pesadillescos o más extraños, no sé, que la vida de quién no… también, pero quizás hay gente que tiene muchas vidas…jejejej…

M.Toda mi convicción y mi práctica como escritor ha sido siempre en la otra dirección, creer en la magia de la literatura, la magia que quisieras oficiar y nunca perder”, dijiste alguna vez

Bueno, porque para mí la analogía que yo prefiero es ésta, de transmutar de algún modo los elementos de la realidad, o los hechos de la realidad, en algo diferente, algo que viva de acuerdo a otras leyes, o que se manifieste de otras maneras, eso es lo que yo intento hacer sobre todo en los cuentos ¿no? en los cuentos siempre tengo esa clase de pensamientos, o eso es lo que me mueve quizás a escribir un cuento.

M.. Volviste a los cuentos después de mucho…

Sí, pero eso no es tan así porque La muerte lenta de Luciana B empezó como un cuento.

M. Pero eso es algo que se dice habitualmente: Empezó de un cuento…

Una novia bisexual, otro cuento.

M. Pero terminaron convirtiéndose en novela.

Por eso, pero mi intención, mi idea, era escribir cuentos.

M. Te dije que de matemáticas no íbamos a hablar.

M. Pero si yo te preguntara en este momentos cuántos libros llevás publicado, o qué número de libro es Una felicidad repulsiva, ¿podrías contestar rápidamente?.

¿Once?

M. Sí, muy bien, ¡aprobado! Bueno, estamos llegando al final, fuiste muy generoso, debo decir. Y contarle a la gente que cuando nos intercambiamos los correos me dijiste que tenía crédito automático por haber leído a tu padre…

Sí.

M. Yo soy una lectora por naturaleza curiosa, me parece fantástico todo lo que te abre la literatura, la posibilidad de mover tu curiosidad, siempre pienso en una frase que Galeano recogió en El libro de los abrazos, en donde cuenta que Kovladoff llevó a su hijo a conocer el mar, y al llegar, frente a semejante espectáculo, le dijo a su padre “ayúdame a mirar“. En este sentido, en mi opinión, cada escritor…

Buena frase…

M. sí, muy buena. Te decía que para mí cada escritor consigue hacerte ver otras cosas.

Sí, desde luego. Por ahí está esa frase de Conrad que yo rescato también en ese sentido que decías: Por el poder de la palabra escrita, hacerte ver, hacerte oír, hacerte sentir, de otro modo.

M. Exactamente. Y nosotros decimos que los finales te permiten de alguna manera, como volver al principio, y en el principio está tu padre. Dijiste y coincido que es remanido el concepto psicoanalítico de que a lo largo de la vida, hay que matar al padre en algún momento…

Otro lugar común, otro lugar común enorme. Yo tengo un artículo en contra de eso…

M. Sí, sí. Y vos decís en ese artículo, de manera muy intimista que no sólo podés dar un montón de ejemplos, que no los vamos a repetir acá, pero los das para explicar por qué vos no quisiste matar a tu padre escritor, nunca.

El típico es el de los padres músicos que tienen hijos músicos, o los padres que llevan a los hijos a…

M. …a la cancha de fútbol, sí…Pero volviendo a lo que te decía, decís de manera que conmueve, particularmene a mí que perdí al mío cuando tenía 9 años, que a tu padre lo que querrías, es tenerlo …

Bueno, pero algo, algún recuerdo que tengas…

M. Mmm, esa es otra historia, la mía, en otra oportunidad te cuento. Pero te decía que lo conmovedor es cuando contás que vos hablás con tu padre, que muchas veces lo soñás, que lo ves también en todas sus…

…Sí, sí, en las anotaciones en sus libros …

M.. ¿Alguna vez pensaste si serías el escritor que sos, sin haber tenido ese padre que tuviste?

No, seguramente no. O sea, por el sistema de lectura, él ya tenía una manera de leer muy abierta, muy curiosa, que no es tan fácil; o sea una cosa es leer y otra cosa es leer de una forma hospitalaria y mirando diferente. Es difícil estar como desafiándose a uno mismo y a sus propios criterios a lo largo de mucho tiempo. En general uno tiende a ir siempre a la misma clase de libros y subsistirá la misma clase de ideas. Entonces esa amplitud para leer, para ensayar nuevas cosas, es algo que se va perdiendo con el tiempo; y bueno, un poco nomás una lección de él era mantenerse como atento a diferentes cosas, me acuerdo cuando empezaron a aparecer de nuevo los libros de Grobowicz por unas ediciones de Seix Barral, y él me daba el dinero para comprar en Buenos Aires y que se los llevara. O sea, siempre estuvo muy atento.

M. Y hay una anécdota muy linda, vos decís que se intercambiaban los cuentos…

Así es.

M. Pero otra vez la matemática, resulta que vos le pasabas uno o dos, y él diez o veinte. ¿Eso significa que el “éxito” es inversamente proporcional a la producción literaria?

No para nada, no, no, significa solamente que soy muy lento y me lo reprocho todo el tiempo.

M. Eso lo decís siempre.

Es que es así, es mi karma en todo caso.

M. O sea que desprolijidad y morosidad!!…

¡No, no!, se pueden hacer lentamente, novelas horribles, hay una frase de Liliana Heker que dice: “Cuesta tanto escribir una mala novela como una buena”, y es tal cual. No, no, no la lentitud del trabajo, el cuidado, todo eso a la hora de la verdad no significa nada. Ojalá yo pudiera escribir más rápidamente, digamos, tengo una cantidad de ideas en lista espera y me cuesta tener el grado de concentración.

martinez-3Y de… ¿cómo te puedo decir? Una novela siempre tiene algo de soplar sobre cenizas frías ¿no?, y todos los días hay que reavivar el fueguito y estar suficiente cantidad de tiempo y recrear el mundo y tener una especie de momento de… de fuerza para quebrar la inercia y seguir adelante ¿no? Y hay una cantidad de ramificaciones y posibilidades, a medida también que uno adquiere más y más oficio se… no sé, uno al principio es como que no ve más que una posibilidad y vas por ahí. Después uno empieza a ver otras capacidades y también te empantanás con esas complejidades que aparecen.

M. ¿Seguís siendo docente?

No, o en algún sentido sí, porque doy una maestría en escritura creativa, doy talleres. Doy un taller en el TEM, este año di varios, un par en la Biblioteca Nacional, y ahora mismo, mañana, tengo una clase, y cada tanto doy algún taller.

M. ¿Extrañás la matemática?

Bueno, seguí haciendo alguna cosa, pensando algunas cosas en secreto digamos. Por ejemplo ahora estuve en Colombia y me reuní una mañana con un matemático de allá, extraordinario que se llama Xavier Caicedo, pensando algunas derivaciones matemáticas de estas cuestiones de Wittgenstein. Esto que decía de los juegos, hay una variante de un juego matemático que tiene mucho que ver con estas series de Wittgenstein. En el fondo Wittgenstein explica la indeterminación de las series lógicas y cómo se aprenden las reglas a través de los juegos de lenguaje. Pero no termina de decir por qué los juegos de lenguaje subsanarían esa paradoja, o por qué, digamos, aprendemos la tabla del dos a pesar de todo. O sea, lo que él demuestra en sus libros, es que uno no puede estar seguro de qué cosa es la tabla del dos. Sin embargo los chicos se aprenden y todos aprendemos algo que llamamos la tabla del dos. Y él dice que tiene que ver con los juegos de lenguaje, de aprobación, reprobación, algo que no pasa por los ejemplos que uno da, sino por esa interacción que se da en el plano del lenguaje, pero tampoco explica por qué.

M. ¿Por qué?

Eso se subsana. Es… ahí yo estoy pensando como en una… qué hay en esa interacción del lenguaje. Qué clase de juego hay justamente, que hace que se llegue a una única conducta, que sería multiplicar por dos para todos la misma. O sea hay un tema ahí muy sutil, pero que tiene que ver con los juegos… Con un juego matemático, digamos.

M. Una última de tu papá, ¿alguna vez pensaste por qué nunca quiso publicar?

¡Sí! Muchas veces, pero yo creo saberlo. O sea, él lo que no quería era afrontar esa experiencia tan humillante y traumática que es estar con un libro de editorial en editorial. Pensemos en la época también. Eran los años setenta, ochenta. Había pocas editoriales en Argentina.

M. No quería ese peregrinaje.

Claro. No quería. Mi papá enviaba a concursos literarios, libros de cuentos desde Bahía Blanca y publicar hubiera significado irse a Buenos Aires, hacer contactos, intentar. Y no tenía ese modo, tenía el modo más pasivo…leer… No sé, no…

M. ¿Todos estuvieron de acuerdo?

¿Con qué?

M. ¿En publicarlo?

Sí, sí, sí. Mi mamá cada tanto me insistía… finalmente, como siete años después publiqué el libro…

M. Bueno, y la última pregunta. Calvino dice: “Buscar y saber reconocer qué y quién en medio del infierno no lo son, hacer que dure y darle espacio

¿Cómo hacés vos, Guillermo, para conseguirlo?

No, yo creo que el mundo está lleno de gente buena. Quizás no todos viven en la Argentina, jajajaja. Hay que viajar. No, no, no. ¡Es un chiste!

M. Mira lo que te trajimos.

Ah, ¡Gracias! ¡Qué lindo! Epa….qué bueno, muy linda está…

M. ¿Viste? Para que te tomes tu café.

Che ¡Muchas gracias! ¡Muy buena! Me encantó la taza, ¿pero cómo hicieron?, es muy neoyorquina.

M. Y ahora te vamos a sacar una foto. ¿Podemos?

Sí, vamos.

M. Dale.¡Muy bien!

¿Se ve así la taza?

M. Sí, ahí va…

Bueno, muchísimas gracias.

M. No… muchísimas gracias a vos. Uno tiene su propia fantasía, y nada, vengo de encontrarme con gente super, super agradable. Y es un gusto…

Por supuesto. Yo vengo de Colombia, estoy encantado con ese país. Y también hay una gente… es otro mundo, es super amable, y todo eso.

M. Yo me contacté con Margarita García Robayo.

¡Ah mirá!

M. Muy agradable y generosa también.

Sí, también, Margarita estaba en la Fundación TEM.

M. Sí señor, es verdad…


…es verdad, sí señor. Llegamos al final. Y como cada final, nos acerca la posibilidad de volver al principio, mientras volvía a la grabación, y escuchaba las risas del ida y vuelta del estribo, que reflejan la familiaridad que se instala cuando uno se siente a gusto, recordé aquello que me había dicho: “No hago entrevistas por correo electrónico porque me lleva mucho más tiempo pensar las respuestas, prefiero contestar por teléfono o en vivo y resignarme a la inexactitud de la charla”.
Si algo deseo de todo corazón, es que las horas que dediqué a editar nuestra charla, hayan conjurado la posibilidad de la inexactitud. Es mi manera de combatir la resignación que parece haberse instalado en el mundo.

Me quedo con un montón de cosas, entre las más sensibles, haber rescatado a Porchia a partir del recuerdo de Roger Callois, y fundamentalmente, la posibilidad de asomarme a ese vínculo fantástico entre un padre y un hijo, escritores, ambos ante una biblioteca familiar diversa y enorme. Como ante el mar.

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos.

Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: “¡Ayúdame a mirar!” (de El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano )

Una taza puede romperse, la palabra escrita es la que queda.

Por el poder de la palabra escrita, hacerte oír, hacerte sentir, hacerte ver”, como dijo Conrad, y él lo recordó en nuestra charla. Claro que de otro modo, como agregó nuestro entrevistado.

Que esta nota sea, entonces, otro modo de hacer oír, hacer sentir y hacer ver, sin resignarnos a las inexactitudes, en honor a un escritor que también es de profesión, matemático.

Gracias, Guillermo.

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6 Comments

  1. Osvaldo Vargas dice:

    Acabo de leer la entrevista a Guillermo Martinez. ¿ Les quedó algún tema por tratar? Ja,ja,ja. ¡Increible la charla! En términos culinarios diría que fue exquisita y variada. Como siempre, un placer pasear por esta hermosa ciudad llamada MÉGARA.

    • Sandra Patricia Rey dice:

      Nos hubiéramos quedado más tiempo y los temas se hubieran seguido multiplicando. Fue muy generoso y se lo notaba a él también muy cómodo y escucharlo fue de verdad, un gusto que nos dimos. Gracias por los conceptos, nos anima a seguir adelante!!!

  2. Gonzalo Bauta dice:

    Excelente entrevista, Guillermo un Capo! espero que con este blog se despierten aquellos lectores jóvenes (como yo), que fueron perdiendo de a poco el interés por la lectura, alcanzados por la cultura del consumo de hoy en día. Que nos sirva de lección, para que en un futuro .. los jóvenes no pierdan la imaginación, rescatemos el valor de la palabra, reforcemos los estímulos para que los niños devoren libros…! como hacia mi madre conmigo, a quien agradezco haberme criado para que crezca con mis propias opiniones, para disentir, para enseñarme el valor de ser honesto en la vida, y para no dejar de soñar.. nunca. Es el ejemplo más claro de que, más tarde o más temprano.. si deseas mucho algo.. se convierte en realidad! Ojalá que este blog sea un puente para seguir soñando.. en lo imposible! tu hijo medium.

    • Sandra Patricia Rey dice:

      Deseo que vuelvas a ese camino, que vos consigas que otros también lean y así hasta el infinito.
      En la dedicatoria de Matrioshkas, ese primer libro mío que aún no se sabe si tiene destino de fogata o de donación en bibliotecas públicas o de una suelta en bares y plazas del mundo, dije “a mis hijos que no me leen”. Nunca es tarde definitivamente y vuelvo a sentir que te llevo de mi mano y que ante el mar infinito, puedo aún ayudarte a mirar.

  3. silvina de rosa dice:

    Una charla enriquecedora! Detalles exquisitos que me llevaron a descubrir al escritor mas profundamente.
    ???

  4. Manuel dice:

    Me ha gustado este artículo, muchas gracias por compartirlo y sigue así.

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