Una ciudad de lectores

Leer y escribir (sobre) lo que se me da la gana
20 agosto 2016

Una ciudad de lectores

“Antes de haber escrito una línea, yo sabía, de un modo misterioso y, por eso mismo, indudable, que mi destino era literario. Lo que yo no supe al principio es que, además del destino de lector —que no me parece menos importante que el otro— tendría también el destino de escritor”.

Lo dijo Jorge Luis Borges, y es apenas uno de los fragmentos del libro que resultó de siete tardes en que Fernando Sorrentino, escritor y profesor en Letras, tuvo – creo yo- el placer de entrevistarlo, en la Biblioteca Nacional, donde grabó esas charlas.

Siete conversaciones con Jorge Luis Borges” es el título.

No es Borges el único escritor que se precia de ser un buen lector, el propio Sorrentino reconoce leer más que escribir.

En Mégara nos interesan los lectores, asiduos o esporádicos, pero lectores al fin, será que en los tiempos que corren, con el avance tecnológico, solemos preguntarnos si es posible imaginar un mundo sin ellos.

Leemos a menudo editoriales que se preguntan por el interés en la lectura, que se limitan a dar números estadísticos que cualquiera podría buscar, si tiene interés en saber, de pronto, cuántos títulos se publican al año en Argentina, o relacionar ese número con el de habitantes.

O en España o donde sea que se les ocurra. Y después investigar cuántos libros se leen por año o cuántos se compran.

El número de los títulos publicados, en definitiva, es una cifra exacta, a poco que se repare que cada libro editado requiere un número de ISBN (International Standard Book Number), que es convencional y sirve para catalogar las obras. Además genera el código de barras que le vemos a cada ejemplar impreso, base del manejo informático de los movimientos físicos de libros en las editoriales y en las librerías.

Pero en este espacio, no nos interesan las cifras, las estadísticas, ni los cuadros comparativos.

Más bien nos interesan ciertos datos singulares y reveladores, tal como enterarnos que a nivel mundial, Finlandia tiene el porcentaje más alto de lectores, con un promedio de 47 libros por año, seguidos por los islandeses que leen unos 40, pero éstos aportan una nota de color. Uno de cada diez habitantes en Islandia, pequeño país europeo de menos de 500.000 habitantes, terminará publicando un libro en su vida, lo cual hace que sea el país que genera más escritores y además el que tiene mayor consumo de libros per cápita del mundo, unos 9 libros por habitante, por año.

Eso sí nos inspira curiosidad, y nos lleva a preguntamos qué pasa con el interés por la lectura, dónde o por qué se ha perdido.

Es que un lector esporádico se distingue de uno asiduo, en el placer o disfrute por el mero acto de leer.

¿Leerán mucho en Islandia, porque los bancos de las plazas tienen esos códigos de barra mencionados, para poder escuchar una historia en el teléfono inteligente?. Así por lo menos publicó el portal de la BBC, hace unos años atrás.

Algunos consideran que las duras condiciones del suelo y del clima, el paisaje casi desolado, es lo que hace de Islandia un lugar propicio para el fomento de la lectura.

Es razonable, ¿verdad?.

Cuentan que como invitados de honor en el 2011 a la feria de Frankfurt, el director del comité islandés, Halldór Gudmundsson, explicó que habían decidido llevar a los lectores a la feria, y por eso organizaron un concurso en el que se invitó a los islandeses a enviar fotos de sus bibliotecas privadas.

Las mejores fueron expuestas en el pabellón, así como una serie de videos en los que los lectores islandeses leían su libro preferido, alternándolas con fotografías de un paisaje inhóspito pero de gran belleza.

Una tierra con sagas famosas que son la base de su propia literatura y la de las nórdicas en general, con lectores ilustres, como el propio Borges, que en alguna conferencia afirmó que cuando leemos un buen poema sentimos que en parte lo hemos escrito nosotros mismos.

Así también dice Ángela Pradelli en El sentido de la lectura[1], que “leer es leerse a sí mismo, y las lecturas que hacemos de distintos textos son interpretaciones que construimos, en primer lugar, sobre nosotros mismos. La lectura, toda, nos pone a investigarnos, a percibir las distintas variaciones de nuestro ser y de este modo puede llevarnos al centro de nosotros mismos, en el que están, a su vez, todos los otros…Ese poder de la lectura está en darnos siempre más”.

Por ese poder que tiene la lectura para nosotros, es que imaginamos nuestra ciudad como una tierra de lectores curiosos, ávidos de historias y anécdotas, de recorrer laberintos que los lleve del pasado al presente, y el futuro. Buscadores de libros y autores desconocidos, de palabras que los iluminen hasta decir de repente lo podría haber escrito yo.

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