Tener memoria. Conocer la historia.

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Tener memoria. Conocer la historia.

“Si hoy en día me pregunto por qué amo la literatura, la respuesta que me viene a la cabeza de forma espontánea es: porque me ayuda a vivir. Ya no le pido tanto, como en la adolescencia, que me ahorre las heridas que podría sufrir en mis encuentros con personas reales; más que excluir las experiencias vividas, me hace descubrir mundos que se sitúan en continuidad con ellas y me permiten entenderlas mejor. Más densa y más elocuente que la vida cotidiana pero no radicalmente diferente, la literatura amplía nuestro universo, nos incita a imaginar otras maneras de concebirlo y de organizarlo.”

Esto no lo dije yo, aunque ya me gustaría haberlo escrito tan redondito. Representa lo que siento y viene a cuento de lo que quiero compartir, y ya les diré quién lo dijo.

Todos estos días, voy de muro en muro, de posteo en posteo, de la comunicación con mi hijo y su esposa, que viven y trabajan en Barcelona, a la de amigos que viven en Madrid, o de familiares en otros lugares; con el corazón encogido y la palabra en la punta de la lengua.

Trato de vencer el miedo y digo alguna cosa, sí, pero a cuentagotas. Generalmente, cuando se me hace insoportable tanto ruido, tanta exasperación, tanto concepto confuso y maniqueo.

¿Qué miedo?, pues, verán ustedes, resumiendo podría decir miedo a la violencia, en todas sus formas.

La violencia es el signo de estos tiempos, se percibe en todos los ámbitos, y me preocupa enormemente. Me preocupa ver y experimentar a diario, en la vida cotidiana, que cualquier diferencia se resuelve a las piñas.

La violencia se observa en la ruptura de un orden, necesario para cualquier convivencia, y en la escasa tolerancia a la frustración. Cada día que pasa, me siento más satisfecha de haber crecido conociendo de valores y también de límites, claro que sí.

Si se trata de política, de gobiernos, de decisiones erróneas y etcétera, etcétera, puedo estar de acuerdo con todas las críticas racionales y basadas en hechos concretos y en pruebas que lo evidencien. Pero como ser social que soy, aprendí que la convivencia en cualquier ámbito importa derechos, obligaciones, y también mecanismos legales cuando se violentan las normas indispensables para que aquella sea posible.

La democracia impide saltar las reglas o interpretarlas a mi manera, me gusta pensar al mundo desde la ética y no la épica. Hay que ser responsables y prudentes, como en la vida misma.

El pacto social, la imperfecta democracia que se alcanza en muchos casos, luego de muchas lágrimas y sangre; no puede echarse por la borda, seducidos algunos por los cantos de sirena.

Repudio todo tipo de violencia, claro que sí, pero todo tipo de violencia. Porque es violencia también desafiar las normas sociales, convertir al que piensa distinto en un enemigo, confundir manifestación con desobediencia,  y desconocer que la sedición es un delito, cuando el estado es de derecho.

El estado es uno, y si las políticas de gobierno respecto de una u otra región – allende el océano-, o de las provincias -por estos lares-, son erróneas o contrarían principios básicos que hacen  a la equidad y a la justicia; pues están los resortes legales, con sus procedimientos, a través de las vías correspondientes, pero no un referéndum ilegal.


El sábado leí en el suplemento Ñ: “Mi opinión, como argentino residente en Madrid desde hace 30 años, es que el aumento de las dificultades para vivir juntos es un fracaso de todos pero la responsabilidad es de quienes orientaron la política en los últimos años. (…) Así, la ciudadanía española se encuentra entre dos fuegos: el de las élites separatistas, dispuestas a todo para no perder influencia, y el del nacionalismo del PP, anclado en un imaginario neofranquista. No se puede negar a los catalanes su derecho a decidir, sea acorde o no con la legalidad vigente (la legalidad cambia, no hace mucho las mujeres no podían votar) pero tampoco se puede arrastrar a un pueblo a una independencia sin garantías para salvar a ciertos grupos que están en decadencia. Lo sensato sería que, en un futuro, se alcancen acuerdos que permitan redefinir la forma organizativa actual del Estado, que una vez superado el franquismo ha sido capaz de convivir en la riqueza de su pluralidad. Esto no podrá lograrse sin un cambio drástico en las políticas del gobierno de España.” (R. González Leandri, investigador en el Instituto de Historia, CSIC, de Madrid. Errores de una calculada displicencia, 29/09/2017, Clarín. Revista Ñ)

Con matices, y más allá de alguna discrepancia, ya que la autodeterminación no existe sin un marco legal,  creo que es una visión acertada.

Lo más aflictivo de todo lo que sucede aquí y allá, es que se confunda gordura con hinchazón.

Ni los catalanes, ni los cordobeses, ni los madrileños, ni los tucumanos, ni los gallegos, ni los mendocinos -por citar solo algunos, como ejemplo-, puede decidir dejar de ser españoles o argentinos, per se,  porque se les ocurre.

Es un absurdo, y estar discutiendo el asunto, más aún; en mi opinión.

La cita del comienzo es de ese gran pensador que fue Tzvetan Todorov, que a lo largo de su obra ha distinguido tan bien conceptos como democracia y demagogia, ética y épica.

Siempre me gustó  pensar que hay quienes iluminan con sus ideas, y mueven otros pensamientos, y permiten la discusión bien entendida.

Él que anduvo por la Argentina, dijo en aquella oportunidad al visitar el Parque de la Memoria: “Una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria”, dice Todorov, para luego señalar que en ninguno de los sitios que visitó vio el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura“.

Los crímenes de la dictadura son particularmente graves por el hecho de ser promovidos por el aparato del Estado, garante teórico de la legalidad. No solo destruyen las vidas de los individuos, sino las mismas bases de la vida común”; dijo en la oportunidad.

No obstante lo cual, y en su opinión, tal forma de presentar el pasado, es decir, ilustrando solo la memoria de uno de los actores del drama, el de los desaparecidos, “no se puede decir que defienda eficazmente la Verdad, ya que omite parcelas enteras de la Historia“.

Y agregó: “La Historia nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en la que a menudo nos encierra la memoria: la división de la humanidad en dos compartimentos estancos, buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables.”

Creo que Facebook no reconoce el resaltado, tanto como a mí me gusta la bastardilla…pero siempre hay un recurso a mano para destacar palabras como: historia, humanidad, democracia, legalidad, ser civilizado, libertad, derecho, ética,  y alguna otra que me reservo para el final.  Es que lo mío no es la síntesis, y aunque ya bastante tuvieron hasta aquí, me permito compartir algunas de las frases que fui recopilando, de libros y reportajes:

 “La inmensa mayoría de los crímenes colectivos fueron cometidos siempre en nombre del bien. Las causas nobles no disculpan los actos innobles.”

“Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización. Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia.”

“Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde fuera. Nadie es definitivamente bárbaro o civilizado y cada cual es responsable de sus actos.”

“Las sociedades están hechas de grupos con intereses contradictorios y no se puede satisfacer a todos al mismo tiempo.”

“Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable está preparando el retorno de la violencia.”

“Los populistas pervierten la idea de la democracia porque quieren que estemos entre “nosotros”, entre gente parecida, cuando la democracia no es una extensión de la familia o del clan, tiene un costado de mezcla, de gente diferente.”

“Las guerras civiles no son nunca un simple enfrentamiento entre dos partes de la población, sino que consagran la desaparición de cualquier orden legal común, encarnado hoy en el Estado, y convierten en lícitas, por tanto, todas las manifestaciones de la fuerza bruta: saqueos, violaciones, torturas, venganzas personales, asesinatos gratuitos.”

 “Estoy profundamente convencido de que los seres humanos tienen necesidad de los otros. Defender la libertad o el derecho del individuo es un valor positivo. Es preciso proteger a los individuos de la violencia de los otros individuos y del Estado. Pero el individuo depende de los demás. La dimensión social del ser humano no puede, no debe ser eliminada.”

“La modernidad tiene defectos: en democracia no vivimos obligatoriamente felices, pero descubrimos con las amargas experiencias totalitarias que el remedio de imponer por la fuerza estas soluciones es un remedio peor que el mal. La democracia no trae soluciones, pero el nazismo, el comunismo y las dictaduras son aún peores que el mal del que nos querían curar.”

“La ética se funda en la relación con los demás seres humanos. Implica un respeto. Y entonces no se deben usar medios indignos. La seducción está muy bien y se justifica cuando se busca despertar la simpatía de un individuo. Hay que mostrarse elocuente, simpático, apelar a todos los fuegos artificiales de los que uno disponga. Eso vale para un hombre, para una mujer, para cualquiera. Pero en el espacio público considero que practicar la demagogia populista en una suerte de discurso oscuro con apariencias de profundidad transgrede un contrato.”

Mientras alrededor hay tanta exasperación y quien se asombra de tener que explicar lo obvio, yo releí estos días algo de filosofía, un poco de sociología y de antropología también.

Digo como Todorov: “Si, como ser humano, al final de mi vida me preguntaran qué es el éxito, respondería que es haber vivido una vida en la que viví, amé y respeté y fui respetado por los otros a los que amé y respeté. Disculpe que use tanto la palabra “vida” o el verbo “vivir”, pero prefiero no buscar ni sinónimos ni otras formas de decirlo. El éxito de una vida entera, de una vida completa, es el éxito en las relaciones humanas. Una vida sin amor habrá sido desastrosa.”

 

 

 

 

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