Soy escritora, mi maestra lo dijo (leo mucho y escribo)

La escritora que brilla, lejos de toda solemnidad
28 agosto 2016
Cualquiera puede hacer críticas literarias
10 septiembre 2016

Soy escritora, mi maestra lo dijo (leo mucho y escribo)


Venía pensando en el título de una editorial que cada vez que le estoy dando forma, termina mutando. “Editor que diga NO se necesita”, se me ocurrió después de haber releído muchos de los conceptos que enseña Daniel Pennac en su Mal de Escuela, pero dando vueltas en mi cabeza, disparan otras ideas, que me llevan a otros lugares.

Salí de mi trabajo, que no es en una redacción, ni en una editorial (sí, como le pasó a Einstein que no pudo entrar en un laboratorio), y camino a Retiro, como Juncal va bajando, todo fluye, sobre todo cuando sale el sol después de tantos días de lluvia. Pensaba en qué es calidad, en términos de literatura, ¿tiene que ver con cuestiones de gusto, o de valor?, y quién dice qué es valioso, en definitiva. Los editores, los críticos, los intelectuales, los comerciales, los que ya entraron en la historia y no tienen que probar algo  y los de vanguardia, los que tuvieron suerte, los que creyeron, los que desesperaron, los que fueron conocidos póstumamente, los “ghost writers”, el gusto y el disgusto, el estilo y su ausencia, lo nuevo y lo reciclado.

Qué tema no. Ahora, a esta altura, y aunque “la literatura no es solo caviar sino también sardinas en escabeche”, como dice Savater, hay sardinas y sardinas, y que la griega (que no se trata de ninguna discípula de Platón ni de Aristóteles) edite un libro, es lo más parecido a una afrenta, y merece exquisitos juegos de palabras, como el que hizo nuestra reporteada Irene Gruss, al aludir a la noticia con un oportuno “extra ordinario”. Es que atendiendo al concepto de literatura – semánticamente el arte de la expresión escrita o hablada-,  hay cosas que no se entienden.

dedicatoria_maestraEtimológicamente proviene del término latino litterae, que hace referencia a la acumulación de saberes para escribir y leer de modo correcto, y para el diccionario de la Real Academia Española (RAE), es una actividad de raíz artística que aprovecha como vía de expresión al lenguaje.

Ahora bien, si se me permite una digresión, al hablar de literatura, recordé que el concepto posee una relación estrecha con el arte de la gramática, la retórica y la poética, y al irme por la tangente, pese a ser mala para los títulos, se me ocurrió otro: Soy escritora. Mi maestra lo dijo.

Mi maestra de primer grado, la señorita Cristina Doce, al terminar la primaria, me escribió una dedicatoria que encontré muchos años después.

En aquélla época en el jardín de infantes, sólo se dibujaba, se estimulaba la imaginación, se ponía a punto la motricidad fina, pero era en primer grado, con dedicación y todo el amor del mundo, que te enseñaban un mundo nuevo.

Leer y escribir.

Daniel Pennac fue un alumno desastroso, que sin embargo logró triunfar sirviéndose de la lectura, la imaginación y el amor. Un cancre, término que no tiene traducción en español, aunque él lo explica bien.

«Sabe, un cancre no es un gandul, aunque puede serlo a consecuencia de su nulidad, de su incapacidad para comprender. Es alguien que no puede jactarse de lo que es -un gamberro sí puede creerse autorizado a hacerlo- porque sufre o ha sufrido de ello. Como un asmático que nunca se vanagloriará de sus problemas respiratorios, el cancre tampoco lo hará de sus problemas de respiración intelectual».

img_0877Problemas de respiración intelectual, que eran un misterio, considerando que tenía un padre, profesor de élite, una madre dedicada a sus hijos y unos hermanos que eran alumnos brillantes. Menos él.

«Esos años fueron terribles. Todo nace de una primera incomprensión, de un problema de inhibición, provocado por la timidez, el azar o cualquier otra causa. Y se acumula y se interioriza. Te dices a ti mismo que eres idiota, un cretino, que no hay nada que hacer contigo. Si te consideras idiota entonces quedas liberado de cualquier esfuerzo. Lo tuyo es irreparable”, sigue explicando en su libro que es más que un ensayo. Pero la literatura lo salvó. El primer profesor que supo qué hacer con el cancre, era el responsable de lengua francesa. Él vio que ese alumno desastroso, incapaz de comprender las normas más elementales de la gramática y la ortografía, era un lector compulsivo. «Me liberó de preguntas y exámenes pero me exigió que escribiera una novela. Era una responsabilidad nueva y extraordinaria. De pronto tenía un estatuto propio dentro del universo escolar. Eso fue importantísimo«.

Un maestro que “ve” el potencial de un alumno destinado al fracaso, a quien la escritura comenzó a interesarle a los 13 o 14 años. Cambiaba redacciones por deberes de matemáticas, y a los 18 años escribió su primera novela de verdad y la envió a las distintas editoriales, que se la devolvieron sin comentarios.

Sólo un editor, Claude Durand, se comportó de otra manera, cuenta Pennac: «Me devolvió el manuscrito acompañado de una carta. Me decía que no me publicaría porque el libro era muy malo. Y me detallaba el por qué lo creía así: los personajes son arquetipos, el estilo manido, la estructura mal concebida. Y me ponía ejemplos de cada una de sus aseveraciones. La carta acababa diciendo que, de todas maneras, creía que yo sería escritor y que si me decidía a escribir otras cosas no dudase en enviárselas. «

Un maestro puede ver el talento de un niño en el que nadie cree, un editor vuelve a creer en él y ese joven crece, madura, y se transforma como el patito feo, en el cisne del cuento.

img03523-20140629-1445-2“Soy un escritor que ha llegado un poco tarde a la notoriedad. Todo lo hago despacio. El éxito me llegó a los cuarenta años», dice Pennac, el autor del decálogo del lector, incluído en su libro Como una novela, que vendió ediciones y ediciones en el mundo entero. El mismo cuya madre centenaria no podía entender cómo ¿tan poco dotado para los estudios?,  haya sido un buen profesor y hoy un escritor de éxito.

Pero todo no fue fruto de un equívoco que no podía durar según su madre.

Richard Sennett (un sociólogo americano “de la hostia”, como diría un coetáneo muy cercano  que de la materia sabe un poco), en su obra La corrosión del carácter, plantea que la sociedad globalizada, precarizando trabajos, oficios y formas de vida; precarizó también el carácter de las personas, entendiendo como carácter el conjunto de valores que inciden en la manera de actuar y entender la propia vida.

En literatura, como en la vida, creo definitivamente que hay que “buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”, como dice Calvino en el final de Las ciudades invisibles.

Mi maestra de primer grado, que me enseñó a leer y escribir, cuando tenía doce años me escribió en un pedazo de papel: “A mi pequeña escritora deseándole que en la nueva etapa que comenzará encuentre grandes satisfacciones y algún día pueda tener en mis manos la edición de su primer cuento. Con todo cariño”.

Cuarenta años después, con mi libro en sus manos, al que un editor no le dijo NO, cuando quizás lo ameritaba (de verdad no lo sé),  me escribió una carta.

 

De todo lo escrito, me quedo con una frase: “Lo que más me gusta, es leer y escribir, como a ti”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Pin It on Pinterest