Quién no

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Quién no

Salí de la librería Norte con todo lo que había ido a buscar y algo más, como siempre, y al salir me detuve en la vidriera (no en el escaparate, ya verán por qué lo digo), cediendo a la tentación…”Quién no”, ¿verdad? En este caso era el título de un libro de cuentos, que su autora había anunciado y que pensé que recién estaría a la venta la semana venidera.

Allí estaba, como una invitación.

De los dieciséis cuentos leí seis en la sala de espera de mi médico de toda la vida, y mientras conversábamos acerca de lo que hago y de lo que no hago, de mis miedos y los resultados de los estudios; no podía dejar de pensar en el epígrafe elegido: “A los que pueden ponerse en el lugar de otros, raros o no.”

Para construir relatos sin fisuras a partir de historias mínimas, crónicas cotidianas o vulgares en el sentido estricto de la palabra, de las que pueden verse en el noticiero o leer en las revistas y los diarios, o escuchar en corrillos de barrio, oficina o calle; hay que tener oficio.

Y como escribió Cesare Pavese en su diario: “En mi oficio, pues, soy rey.”

Ponerse en el lugar del otro, sin juzgar, aún sin coincidir. Vaya que sí. Pasar por esas historias y no salir indemne. Cuando hay oficio, se consigue reinventar un argumento trillado y escribir un relato como “Basura para las gallinas”, que la descose. Sí, dicho así a lo argentino, como me sale porque en otra cosa que me quedé pensando es en el criterio editorial para catalogar. “Narrativa Hispánica” reza la portada y no lo es, es “Narrativa rioplatense”, dentro de la latinoamericana o “Narrativa argentina”, así de simple.

Cito a Pavese y recuerdo ese concepto que él utiliza para hablar de su obra: la cultura entendida como oficio.

“De la civilización humana esta obra (la suya, obviamente) quiere conservar (dicho sea con toda humildad) el relieve contemplativo y formal, el gusto de las estructuras intelectuales, la lección dantesca y baudeleriana de un mundo estilísticamente cerrado y, en definitiva, simbólico. De la realidad contemporánea, quiere dar el ritmo, la pasión, el sabor, con la misma casual inmediatez de un Cellini, de un Defoe, de un charlatán encontrado en el café.”

Y si bien Pavese sostiene que las antedichas son “exigencias difícilmente conciliables”, cierto es que hay quienes lo consiguen.. Mal que les pese a los que insisten en que lo que vende mucho debe ser sospechado de no ser literatura formal, “pstttt…es un bestseller y nada más”. Ladran Sancho…

Los diez restantes los leí, con un dolor instalado en mi parrilla costal izquierda, ganándole la pulseada al sueño.

Si como dice Pavese: “En la inquietud y en el esfuerzo de escribir, lo que sostiene es la certeza de que en la página queda algo de no dicho”, ella puede estar muy tranquila. La Piñeiro, sí, que en su oficio es reina.

Recuerden: literatura argentina desde los títulos, redondos, cortitos y al pie, hasta la última línea.

EDICIONES

 

 Nuestro ejemplar es de la primera edición de la Editorial Alfaguara,  una tirada de 16.000 que se terminó de imprimir en Buenos Aires, en septiembre de 2018. El diseño de la portada es de Penguin Random House Grupo Editorial, inspirado en un diseño original de Enric Satué.

Creemos que los datos biográficos son reiterativos, lo que nos gusta a veces es iluminar este rincón de ediciones con algún pensamiento de la escritora en este caso. En este caso es uno de un texto muy bueno que recomendamos leer, La mujer a los 50: inventario y cuenta nueva.

“No hay instrucciones para ser feliz. Sólo preguntas y posibles respuestas íntimas. Pero el momento para hacerlas es ahora, antes de que los párpados se nos caigan del todo y ya no nos dejen ver.”

 

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