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Primero de Mayo

Hubo un tiempo que fue hermoso y fui libre de verdad/guardaba todos mis sueños en castillos de cristal…”, así cantaban Charly y Nito, cuando ellos era Sui Generis y yo soñaba con ser Petrocelli.

Poco a poco fui creciendo, llegaron los hijos que crecieron también y aquí estamos, de tanto en tanto, recordando Canción para mi muerte, la música de esa época en la que no existía la tecnología que hay hoy, y algunos piensan que acerca a la gente.

Facebook dice que un día como hoy, de 2016, yo escribía y posteaba esto:

“Aunque no eran todavía ni las siete de la tarde, me sorprendió la noche cerrada, al salir.

Juncal hacia Retiro, una calle desierta.

Tan desierta como la esperanza, a veces.

De repente escuché un chillido, un murciélago pequeño, que no me atreví a fotografiar.

Cómo un ángel caído, aleteando en la vereda, lo dejé atrás y de repente la ciudad con sus edificios y sus luces.

Hubo un tiempo que fue hermoso, en el que en la oficina se escuchaban los cassettes grabados por mí, con canciones de Silvio Rodríguez.

Entonces yo creía definitivamente en lo que Bertolt Brecht me sigue repitiendo descolorido, debajo del vidrio de mi escritorio.

Hoy quiero rendirle este pequeño tributo a todos los que pasaron por mi vida laboral, e hicieron que toda pena, valiera la alegría, por el hecho de compartir cotidianamente lo que invertí, con dedicación, en esta función tan depreciada.

Tiempo, ¿invertido o perdido?

En el día del trabajo, celebro a todos los que dedicamos a él, una vida entera.


Decididamente la cámara de mi actual teléfono saca fotos con mayor nitidez, el resto no mejoró mucho, si la función antes estaba depreciada, ahora es despreciada también.

Pero le encontré la vuelta a unas cuantas cosas, construyendo una ciudad donde reunirme con gente que comparte la pasión por leer y escribir.

Soy una afortunada, tengo una carrera profesional en la que no tuve que hacer concesiones, y leo y escribo todo el tiempo.

Ayer recordé a Stephen Dixon.

     “No haber sido tan exitoso ha sido de gran ayuda en mi escritura, porque no siento que alguien esté esperando algo de mí. Estoy a solas. Y creo que el éxito mata al escritor, tarde o temprano. A mí no me ha matado porque no he tenido éxito.

     Sí siento que mi escritura es digna de éxito, pero no quiero que sentimientos como esos me impidan escribir. Si no, estaría sentado todo el día quejándome, pensando ¡¿por qué no soy tan exitoso como Philip Roth?! ¿Por qué no gano el dinero que él gana? Para poder ayudar a mis hijas en sus vidas con dinero que gano de mi escritura, por ejemplo. No. Por eso es que me puse a enseñar. Empecé a enseñar porque me daba un ingreso fijo con el que mantener a mi esposa y a mis hijos, cobertura médica. Y así fue como no tuve que escribir basura. Podía escribir lo que quisiera. Y si a los editores no les interesaba, ningún problema. De hecho, toda mi escritura se ha demorado.

    Algunos libros demoraron hasta nueve años en ser editados después de escritos. A mi mejor colección de cuentos, Love and Will, le llevó ocho hasta que un editor se interesó por ella. No trato con agentes y los agentes no quieren tratar conmigo, porque mis libros no generan ganancias. Los editores me dicen: “No sabríamos cómo venderte”. Eso está bien. No quisiera que nada distraiga o destruya el placer más grande que tengo en la vida, que viene de escribir. Sé que en los años que me quedan estaré escribiendo. Hasta el día en que me muera. Tendrán que despegar los dedos del teclado de la máquina de escribir para deshacerse de mí.”


 

¿Qué querían ser cuando fueran grandes?

Todavía están a tiempo.

 

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