noticias en letra pequeña

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noticias en letra pequeña

“Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro.”

(Miguel de Cervantes Saavedra)

21 de junio de 2017, 9:03

hola juan. alrededor mío todo es dolor familiar. voy de terapia intensiva a terapia intensiva… pero el mundo sigue girando, como digo siempre, y en el feriado del día de la bandera, una observa desangeladamente a esta argentina que a veces parece no tener remedio. y el mundo…ay el mundo. por eso pensaba, leyéndote recién nomás, ¿querés publicar en mégara la noticia en letra chica? yo sigo sin entender de verdad qué pasa con la gente. un abrazo.

foto de mégara, en su paso por alcalá de henares.


foto cedida por el autor, plaza altamira, una lista de los muchachos que habían sido asesinados hasta el 1 de mayo.

No hay errores tipográficos, las minúsculas son minúsculas, y yo escribo como sé, no como quien alza la voz para vociferar o para imponerse. Escribo para ser puente entre quienes quieren ser escuchados de verdad, y quienes tengan la capacidad de ponerse en su lugar.

Hablamos de crónicas en otra oportunidad, las que sirven para repasar la historia o los acontecimientos importantes.

Cada vez que veo un posteo suyo, por su país y su gente y observo que a veces no se dice una palabra, ni media; me duele a mí esa ausencia de gestos y de solidaridad.

Atenta siempre a todos y a todo lo que merece atención, respeto y honestidad no solo intelectual, pensando en mi madre, en su voz tan clara y sus ojos de océano, en su letra de maestra estilizada y con la altura exacta, en la educación recibida, en medio siglo que una ya pasó; recordé, más atrás, a mis abuelos gallegos, la cultura del trabajo, el sacrificio, la superación y el progreso;  y por todo eso, acá estamos, él y yo.

Juan Carlos Méndez Guédez nuevamente  escribe en Mégara:


foto de mégara en uno de sus paseos por el barrio de las letras, en madrid.

noticias en letra pequeña

p escucha el teléfono. son las tres de la madrugada. es un número venezolano. sabe que una llamada a esa hora no es una buena noticia. responde con el sueño hinchando sus ojos. “allanaron la casa de tu tío; se lo llevaron preso”. pregunta varias veces el motivo. pregunta dónde se lo llevaron pero nada le pueden responder. bebe agua en la cocina. mira las calles tranquilas y penumbrosas. sabe que su tío, a esta misma hora, piensa lo mismo que ella. ¿por qué? ¿por qué? luego recuerda una novela de kafka. quisiera tener un pensamiento más original pero el miedo es un largo topicazo. se da cuenta de que hace meses esperaba una llamada así. el miedo cada vez está más cerca; tiene nombres más próximos. ya no es una cifra ni una noticia. piensa otra vez en kafka. bebe otro vaso de agua.

– a n le parece espantosa la política. a n todo lo terrenal le incomoda. cierto es que durante años votó a chávez una y otra vez. cierto es que también votó a maduro, y acudió a todas las marchas donde regalaban comida y hasta dio informaciones dos o tres veces sobre esos vecinos escuálidos que se reunían los sábados. pero eso es parte de otra vida. ahora la guía el señor. ahora solo dios es su pastor. por eso no permite que le cuenten las noticias, por eso exige que en su presencia no se hable del tema. ella vio a dios. dios le habló. la tarde que vio a sus nietos comiéndose crudas las conchas de unas papas para no ir al liceo con el estómago vacío, n vio a dios. y dios le dijo que no pensase en las cosas de este mundo. que el mundo era un inmenso pecado. y desde ese momento, cuando consigue papas, n las fríe y bota las conchas. las conchas, que son el demonio, que no son la voz de ese dios que ahora le habla cada tarde.

– era una mujer silenciosa. m la recuerda siempre como una mujer silenciosa a la que no le gustaba molestar. lo era tanto que jamás contó sus problemas y sus convulsiones. tomaba su medicina y vivía su vida. en silencio. siempre. toda la vida. por eso m nunca supo que aquella mujer no consiguió durante un mes sus medicinas. por eso sólo ahora se entera que la mujer murió ayer. en silencio. con convulsiones, pero en silencio. sin molestar. como siempre.

– debería visitarlo. ha sido su amigo muchos años. debería visitarlo pero todavía no lo visita. estaban juntos en la marcha y cuando cayeron las primeras lacrimógenas x pudo huir, pero a ñ lo agarraron los guardias. allí no lo golpearon tanto. sólo un poco, con los fusiles y los escudos. pero esa noche lo dejaron tirado en una celda pequeñita. al amanecer aparecieron dos guardias, no le preguntaron nada, le colocaron una bolsa en la cara y lo asfixiaron tres veces hasta que ñ llorando pidió que no le hicieran daño. luego lanzaron una lacrimógena dentro de la celda y lo dejaron encerrado. a gritos ñ les dijo que él iba pasando por casualidad, que él no estaba marchando. y sí. debería visitarlo. lo soltaron ayer. pero le dicen que ñ no para de hablar de la noche que pasó preso. que dice que luego le frotaron el rostro con un polvo, que le parece que era un polvo de la lacrimógena, pero ñ desconoce si las lacrimógenas sueltan un polvo. ñ no para de preguntar si alguien lo sabe. x piensa que él tampoco comprende de esos temas, que no podrá responderle. al final se viste. irá a ver a ñ y le dirá que sí, que las lacrimógenas dejan escapar un polvo. le dirá eso aunque lo ignora.

– le arden los ojos. a q le arden los ojos. desde siempre compraba las gotas en la farmacia. luego ya no las vendieron más, pero su hermano se las mandaba desde portugal. la semana pasada llamó para saber por qué no llegaba la caja. y le advirtieron que la habían confiscado. está prohibido enviar gotas para los ojos. luego se enteró de que la pueden acusar por terrorismo. quienes reciben desde fuera gotas para los ojos, o antiácido, o gasas, pueden ser procesados como terroristas. ahora q se frota los párpados, se echa agua y contempla la puerta. piensa que lo mejor es salir un rato a caminar, pero no puede, el ardor es feroz. mejor esperar, esperar, esperar. a veces nada sucede. sólo los ojos que arden. apenas eso.

– nunca fue especialmente gracioso. el doctor s nunca fue especialmente gracioso, pero ahora cuando en madrid se reúne con sus compañeros para oír canciones de silvio, se echa unas risas estupendas haciendo chistes sobre venezuela. es tan divertido el tema. todos esos millones de burgueses oligarcas agentes de la cia boqueando como peces fuera del agua cuando la guardia del pueblo les lanza una lacrimógena. y que mal se visten por cierto, y que nombres tan cursis el de sus urbanizaciones pijas: caricuao, petare, el valle, catia. qué gustazo sentarse a ver en la tele cómo los machacan. hijos de puta todos, canallas a quienes los alcanzó el fusil de futuro, fascistas, fascistas, fascistas, grita el doctor s y hace el gesto de un pez fuera del agua y sus compañeros ríen y ríen. que buenas risas se están echando este verano.

2

t le tiene miedo a ese señor que todas las mañanas compra muchos periódicos en el kiosco. algo en su mirada no le gusta. alguien le dijo que es policía, pero ella no lo sabe. hoy lo ve comprando otra vez muchos periódicos. anoche leyó que los periódicos se usan para colgar a los estudiantes de los brazos y que las esposas no dejen huellas. t ve venir frente a ella al hombre. cruza la calle.

x cierra los ojos para dormir. no puede. todavía recuerda cómo esa tarde vio arder a un muchacho al que golpeó de lleno una lacrimógena que le lanzó la guardia. no sabía que podían incendiar a alguien. hay demasiadas cosas terribles que va aprendiendo estos días, cuando no puede dormir.

w abraza al muchacho. no lo conoce de nada. pero ve que el chamo está intentando subir las rejas del aeropuerto militar para enfrenarse a los soldados armados con fusiles. w lo abraza y le aprieta las manos donde lleva dos piedras. w lo atenaza por los brazos y le ruega que no suba esa reja.

ñ no recibió la caja de comida que da el gobierno. parece que una vecina la acusó de estar caceroleando. ñ quiere saber quién es esa vecina. se imagina que la encuentra en la escalera y la empuja. ahora mira la nevera. hunde el dedo en la mayonesa y come. tiene un sabor muy agrio. luego sonríe. Recuerda los años lejanos cuando ella tiraba la comida vencida.

– a z no le gustaba al principio el muchacho. salían juntos, iban a la playa, bailaban en las fiestas. ahora el muchacho usa una barba larga. cambió su crema de afeitar por las medicinas que z utiliza para la ansiedad. ahora a z le gusta acariciar la barba del muchacho. y lo mira, lo mira.

v culmina un nuevo soneto, bebe un vino, toma un refrescante salmorejo con su chorrito de aceite y paladea un trozo de jamón ibérico. luego mira por la ventana su ciudad europea. relee. le produce mucha tristeza su soneto, lo que escribe, lo que es capaz de escribir. luego entra a las redes y comienza a insultar a los venezolanos que consigue quejándose de su gobierno. fascistas. putos facistas, piensa, les dice, les grita, les increpa. no saben la suerte que tienen. ojalá pronto pueda visitar la bella y revolucionaria venezuela, piensa y comienza un nuevo soneto.

3

x ve desde su ventana a unos paramilitares que arrestan a un hombre; le piden la cédula, lo meten en un carro, el hombre grita pero finalmente se lo llevan.

– a ñ le sonríe la mañana. un primo le regaló una ristra de ajos. hace meses que no consigue sus medicamentos para la tensión alta. aplasta los ajos con una cuchara, comienza a tomarlos y espera el milagro.

w sabe que nunca más verá en la frutería al muchacho que ayudaba a vender. lo mataron los chavistas hace dos días en una manifestación. w compra fruta y se marcha; no se siente capaz de mirar el rostro desolado de la madre del muchacho.

– la casa de z fue allanada anoche. allanaron todo el edificio, sin órdenes judiciales. sólo amenazaron a los vecinos si seguían tocando cacerolas. en la casa de z encontraron libros, muchos libros. al salir patearon una montaña de revistas de los años setenta.

– en el edificio de t los guardias nacionales rompieron las puertas, destrozaron la entrada, robaron a los vecinos y se orinaron en los ascensores.

p durmió en el baño. cada tanto abría la ducha para espantar el olor de las lacrimógenas. «ojalá esto sea el final, ojalá esto sea el final», pensaba.

l mira la foto de su hija. hace una semana se marchó a chile en autobús. lleva encima dos posgrados y tres idiomas, pero nada de dinero. l mira la foto de su hija y al escuchar las motos de los paramilitares se alegra con lágrimas de que su hija se haya marchado de venezuela.

n termina de dar sus clases y cuando va a agarrar un autobús se desmaya. en el hospital le dicen que está anémica. «hace tiempo que no como tres veces al día», me cuenta.

– en la comodidad de una oficina con aire acondicionado, ch un juicioso experto, analiza las causas que motivaron la «revolución bolivariana». ch busca los matices, los matices. necesita pensar que no estuvo equivocado del todo y que algo bueno han dejado esos 18 años en ese país que visitó cuatro días.


                                                                                                                                                              Madrid, julio de 2017.

                                                                                                                                               Juan Carlos Méndez Guédez

 

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