Necesitamos más poesía (no solo los viernes)

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Necesitamos más poesía (no solo los viernes)

Hay días de semana que cargan con un estigma, si lo dominical está relacionado con la idea de la soledad y el suicidio, de igual forma se puede decir que el lunes es aborrecido, con más o menos intensidad. Inevitablemente nos recuerda que se terminó el disfrute, el tiempo libre para dormir, pasear, cumplir con lo pendiente y fantasear con la idea de vivir sin hacer nada de nada en la vida.

Los martes y los miércoles son días de acomodamiento, empezamos a ponernos a tono con el ritmo que habitualmente debemos observar, y así transcurren, sistemáticamente, a lo largo de nuestra vida, sin pena ni gloria, excepto un buen plan que les de brillo.

El jueves en cambio es un día algo ansioso, como de eterna víspera, el anuncio de que lo mejor está por venir, y así llega el viernes.

Definitivamente, el mejor día de la semana, que, para mí, siempre tuvo un significado especial.

Asociado a la idea de la libertad y la alegría, desde el primer minuto nos permite experimentar la sensación de que tenemos por delante todo el tiempo del mundo, aunque ligado a la posibilidad de un paseo o una reunión, si no se tiene con quién, se convierte en la prueba evidente de la frustración o el fracaso.

Claro que siempre puede ser redimido por la mañana del sábado, ese tiempo sin prisa para salir de la cama, que no requiere despertador, disfrutar del silencio y la idea de que la casa es solo para uno.

Lo bueno es encontrar tiempo, sea cual fuera el día de semana, y tener con quién compartirlo o con qué aprovecharlo.

¿Alguna vez hicieron una lista de cosas deseadas?

Una desiderata, del latín “cosas deseadas”, plural de desideratum.

Digo desiderata y me acuerdo de aquel poema en un banderín, colgado en una de las paredes de mi cuarto de adolescente, que tiene una historia no tan conocida, porque si bien su creación data de 1927, el autor reconocido es Max Ehrmann (un abogado y poeta de Indiana, Estados Unidos), y fue publicado después de su muerte, en una colección de poemas llamada “Desiderata of Happiness”, recopilados por su esposa; mientras que el folclore popular sostenía que era un poema del 1600, ya que una copia fue encontrada en la Iglesia St. Paul, de Baltimore.  En realidad, eso se debió a que el párroco lo incluyó, sin citar su autoría, en un devocionario, que llevaba el nombre de la iglesia y el año de su fundación, 1692.

Un poema que todos deben haber leído alguna vez, estoy segura, y que ha tomado diversas formas, a lo largo de casi un siglo, tanto que yo no lo conocí en verso, sino como un trozo de prosa que ha alcanzado nobles humores”, en las palabras del autor, recogidas en su diario personal.

“Camina plácido entre el ruido y la prisa y recuerda qué paz se puede encontrar  en el silencio. En cuanto sea posible y sin rendirte, mantén buenas relaciones con todas las personas. Enuncia tu verdad de una manera serena y clara y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante, también ellos tienen su propia historia. Esquiva a las personas ruidosas y agresivas, ya que son un fastidio para el espíritu. Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado, pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.

Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera por humilde que sea, ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos. Sé cauto en tus negocios pues el mundo está lleno de engaños, mas no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe. Hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales. La vida está llena de heroísmo. Sé sincero contigo mismo, en especial no finjas el afecto. Y no seas cínico en el amor, pues en medio de todas las arideces y desengaños, es perenne como la hierba.

Acata dócilmente el consejo de los años abandonando con donaire las cosas de la juventud. Cultiva la firmeza del espíritu, para que te proteja en las adversidades repentinas. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Sobre una sana disciplina, sé benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del universo. No menos que las plantas y las estrellas, tienes derecho a existir. Y sea que te resulte claro o no, indudablemente el universo marcha como debiera.

Por eso debes estar en paz con Dios cualquiera que sea tu idea de Él. Y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones, conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida. Aún con toda su falsía, sus dolores y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso. Sé cauto. Esfuérzate por ser feliz”.

¿Y a qué viene esto de la desiderata y de los días de la semana?, estas aparentes digresiones, nada aparentes.

Viene a cuento, porque a propósito de esta sección Instantáneas, me acordé de Antonio Muñoz Molina, del correo que le envié para hacerle saber que una nota suya, Demasiada felicidad, me había acercado a Alice Munro y servido de inspiración para una historia de amistades recobradas; y de la respuesta recibida.

Date: Wed, 2 Mar 2011 02:32:06 +0100
Subject: de parte de Antonio MM

Querida Sandra: gracias por esa historia tan llena de corazón. También a mí las amistades recobradas y perdidas me llenan unas veces de emoción, y otras de melancolía. Y me alegro mucho de haber servido de intermediario en su lectura de Alice Munro. Creo que es uno de los dos o tres mejores escritores que hay ahora vivos en el mundo, al menos entre los conocidos.

Saludos cordiales
Antonio Muñoz Molina

Y yo que no le escribí a una dirección de correo, porque no la conocía, sino a través de su blog, voy despejando el tema de mis aparentes digresiones, ya que él escribía unos textos cortos, en una sección llamada Escrito en un instante, que después fueron reunidos en un libro que lleva ese mismo título; y resulta que yo no consigo que un texto  me lleve esa fracción de tiempo.

Giro mi cabeza, una y otra vez, sintiendo mi cuello contracturado, a esta altura, y reparo en que pasó más de una hora de esta tarde de viernes, en que se comienza a celebrar la lectura y los libros, en distintos lugares, como en Madrid, donde ya es de noche; y el mate se enfrió, mientras yo sigo escribiendo, sin haber puesto música de fondo, escuchando apenas el ronquido acompasado de Milo a mis pies, algún avión que pasa o un auto a toda velocidad.

Y recuerdo entonces uno de esos textos de MM, Una magia compartida, en el que contaba que un día, al regresar del trabajo, viajando en el metro descubrió que una mujer no levantaba la vista de un libro de poemas de Lorcamuy bien traducido al inglés, decía-, mientras por su parte llevaba otro libro de poemas, Poet’s Choice, de Edward Hirsch, reflexionando acerca de cómo el arte nos afecta hasta físicamente, transportándonos.

Y cuenta que en ese libro que compró por casualidad (disculpe don Muñoz Molina, las casualidades no existen), encontró unas palabras que se relacionan con esa idea, y sin tiempo de traducirlas, aclara que no hace falta conocer mucho inglés para comprenderlas.

I believe that something in our nature is realized when we use language as an art to confront and redeem our mortality. We need poems now as much as ever. We need these voices to restore us to ourselves in an alienating world. We need the sounds of the words to delineate the states of our being. Poetry is a necessary part of our planet.”

Y entonces recurro a lo aprendido, que está en algún rincón de mi memoria…

  “Yo creo que alguna cosa en nuestra naturaleza se realiza cuando usamos nuestro lenguaje como un arte para confrontar y redimir nuestra mortalidad. Nosotros necesitamos poemas, ahora, más que siempre. Nosotros necesitamos esas voces para restaurar a nosotros mismos en un mundo alienado. Nosotros necesitamos los sonidos de las palabras para delinear/delimitar los estados de nuestro ser. La poesía es una parte necesaria de nuestro planeta”

Y como nada es casualidad, acá estoy, redimiéndome una vez más, en este viernes en el que mirar el cielo, fue mi libro de poemas en el regreso a casa.

I need the sound of the words to be myself.

Escribir, es mi manera de unirme a la celebración, necesitamos más que nunca cosas que nos salven, que nos rescaten, que nos hagan olvidar por un momento el paso del tiempo. Los libros lo consiguen.

En definitiva, que nos hagan sentir vivos, que no es lo mismo que sobrevivir, en este mundo que tiene olvidadas tantas cosas.

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