Mine y el tiempo. Una aventura puede comenzar en tu ventana

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Mine y el tiempo. Una aventura puede comenzar en tu ventana

A veces algún subtítulo me da el puntapié para arrancar una reseña, en este caso recordé “ideas para encender la chispa del aprendizaje” de otro libro, Guía para criar hijos curiosos, de Melina Furman. Bióloga, docente e investigadora del Conicet, ella explica por qué su guía que no es una guía como lo entendido vulgarmente por tal, como esa de los teléfonos que ordenaba números y números sin creatividad alguna. No es una guía de esas porque la autora habla de curiosidad y todos sabemos que la curiosidad no es algo impuesto. La curiosidad está emparentada con lo más íntimo, con el deseo de conocer o averiguar algo que pareciera ser ajeno hasta que lo hacemos propio por el descubrimiento primero, y el aprendizaje después.

¿Y por qué es necesario criar chicos curiosos en la era de la tecnología?, eso parecieran preguntar algunas madres y/o padres cuando se sienten interpelados por docentes y pediatras, y en algunos casos por otras madres o padres, amigas, amigos y/o vecinas/os…

(…madres y/o padres, niños y/o niñas, ay, ay, ay, ¿por qué?, a esta altura me permito una digresión, ya que en el ejercicio pleno de mi libertad para escribir y vencido el temor de que me caigan encima, decido escribir como lo hice siempre, ya que como mujer no me siento excluída en el plural tal y como lo aprendí, me gusta cómo suena y además siempre le huí a lo redundante).

Por qué es necesaria entonces la curiosidad, decía, es que preocupa que hayan aumentado las derivaciones o interconsultas con expertos en lingüística, al verificar casos de niños que tardan en adquirir el lenguaje, y otros en los que se comprueba falta de creatividad y capacidad lúdica. Niños desde temprana edad, sometidos a la exposición ante pantallas de todo tipo que sustituyen la charla, la lectura de un cuento o el juego, los aísla del entorno y neutraliza la comunicación con adultos que se desinteresan por estar conectados a sus propias pantallas.

Dice Furman a propósito de la curiosidad: “Una de sus virtudes es que nos mantiene encendidos de por vida, sos joven siempre, buscando cosas nuevas, y el mundo es un lugar de aprendizaje. Pero también se podría decir que en un contexto futuro de trabajos que se van a perder, de hiper tecnologización, nuestro aporte humano puede ser en lo vincular, en lo creativo.”

Mine y el tiempo. Una aventura puede comenzar en tu ventana, es un regalo de verdad en estos tiempos deshumanizados que corren, un primer título de cuentos filosóficos para niñas y niños (acá sí me gusta así), de Ediciones Cosas Invisibles.

Un libro que te enciende, no es moco de pavo eh.

En Mine y el tiempo, María Belén Campero, una mamá y poeta que además es investigadora y doctora en filosofía, y que recientemente terminó de estudiar mucho pero mucho de verdad en Infancia, Educación y Pedagogía; nos invita a descubrir el tiempo y su gravitancia en nuestras vidas.

Mine es la niña protagonista del cuento, una curiosa observadora de la naturaleza. Mine puede ser cualquier niña o niño curioso, que a través de su mirada nos invite a los adultos a preguntarnos a partir de sus preguntas.

¿Qué es el tiempo para nosotros?, ¿cómo acostumbramos medirlo?, ¿lo medimos en términos de pérdida o de expectativa?, ¿gano o pierdo tiempo con la contemplación?, ¿cuántas veces miro al cielo, por día?, ¿el tiempo pasado es mejor que el presente?, ¿qué canción nos viene a la memoria si hablamos del tiempo?…

A mí se me representa automáticamente María Elena Walsh y su Marcha de Osías“…quiero tiempo pero tiempo no apurado/tiempo de jugar que es el mejor/por favor me lo da suelto y no enjaulado/adentro de un despertador…”


Una historia sencilla con unos personajes entrañables: Mine y su cámara de fotos, Rosa, su vecina que es como una abuela; y un árbol de quinotos llamado Kinito plantado entre las dos casas, por Rosa y los papás de nuestra portagonista, antes de que ella naciera.

“-Mine, ¿sabés que las fotos pueden guardar el tiempo y que lo guardan para que podamos recordarlo?”, le pregunta Rosa, y ella sorprendida va en busca de una caja de fotos para hacer la prueba del tiempo.

La aventura que plantea Mine y el tiempo, me remite al planteo de Georges Perec, que en su fantástica obra Lo infraordinario, invita a aproximarnos a lo cotidiano, lo común, sencillo, casi vulgar de nuestro mundo, interrogar y dejarnos interrogar por todo ese conjunto infinito de detalles que hay en los ruidos, los olores, las costumbres y paisajes de nuestra geografía personal.

“Interrogar lo habitual. Pero, justamente, es a eso a lo que estamos habituados. No lo interrogamos, no nos interroga, parece no constituir un problema, lo vivimos sin pensar en ello, como si no transmitiera ninguna pregunta ni respuesta, como si no fuera portador de ninguna información. Ni siquiera es condicionamiento, es anestesia. Dormimos nuestra vida con un sueño sin sueños. Pero, ¿dónde está nuestra vida? ¿Dónde está nuestro cuerpo? ¿Dónde está nuestro espacio?

Cómo hablar de estas “cosas comunes”, cómo asediarlas, cómo hacerlas salir, arrancarlas del caparazón al que están pegadas, cómo darles un sentido, una lengua: que finalmente hablen de lo que existe, de lo que somos.

Quizás se trate de fundar, finalmente, nuestra propia antropología: la que va a hablar de nosotros, la que va a buscar en nosotros lo que durante tanto tiempo le hemos copiado a los otros. Ya no lo exótico, sino lo endótico.

Interrogar lo que tanto parece ir de suyo que ya hemos  olvidado su origen. Volver algo del asombro que podían experimentar Jules Verne o sus lectores frente a un aparato capaz de reproducir y de transportar los sonidos. Porque ese asombro existió, y miles de otros, y son ellos los que nos han modelado.”

Un libro para celebrar la curiosidad que debe movernos, un libro que nos ayuda a seguir ordenando lo que traemos al nacer y lo que adquirimos después.

Un libro para regalarnos y regalar.


EDICIONES

El texto de María Belén Campero, fue ilustrado bellamente por Fabricio Caiazza, artista visual y educador, y es de Ediciones Cosas Invisibles, un emprendimiento polentoso que surgió del trabajo y la experiencia de talleres de filosofía con niñas y niños, autogestionado.

Ellos mismos expresan por donde pasa su búsqueda: “promover espacios cooperativos para la creación y el disfrute de sentidos a partir de la práctica y apropiación de los recursos de la filosofía, la literatura, el juego y el diálogo”.

Comprar los ejemplares es sencillo, se hace por internet y te llegan por correo como las cartas de antes, sin problema alguno. Yo adquirí dos, uno para Mégara y otro para regalarle a una Mine particular, entrañable.

En el confín de nuestra Argentina, en Ushuaia, viven Emilia y sus papás: Andrea que es doctora en biología y está bien acostumbrada a mirar el cielo y tocar la tierra; y Augusto, que además de saber de computadoras, tiene una banda de música y le gusta sentir el viento en la cara viajando en una moto con la que recorre muchos paisajes.

Emilia o  Memi para los que la queremos (que suena a Mine ya ven), sabe de pingüinos, de cómo la nieve es fría pero se deja tocar, de veranos con días largos y mucha luz para disfrutar, de lagos que tienen el color de sus ojos y de los ojos de una abuela que ella no conoció pero la cuida desde el cielo, de libros y más libros que le enseñan todos los secretos y la invitan a viajar.


                                         

“-Rosa, ¿qué es el tiempo? -preguntó Mine.

-El tiempo es esperar -respondió Rosa acercando su mirada a la de Mine, es poder esperarnos.”

El tiempo es esperar, recuerden esto. Cultivar la paciencia permite ver cómo sale el sol, y la primera estrella en cualquier noche bien clara, descubrir el primer brote en una planta, ver nacer flores o madurar los frutos de un árbol.

Esperar por algo que deseamos, eso es el tiempo. Esperar por un logro, por la visita de alguien querido, por un viaje, por realizar nuestros sueños y por seguir soñando.

Esperar por un ejemplar de Mine y el tiempo, y disfrutarlo.

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