Mis dibujos a lápiz son deformes y estrafalarios, son mamarrachos

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Mis dibujos a lápiz son deformes y estrafalarios, son mamarrachos

Foto gentileza del autor


¿Cómo se nos ocurrió Pablo Bernasconi?, porque creemos que es mucho más que un ilustrador, lo cual ya conceptualizamos al reseñar su libro Mentiras y moretones. Su gran virtud es sin duda conseguir que la imagen no borre las palabras, sino resignificarlas, haciéndonos pensar, y llevándonos a un plano que está más allá de nuestra imaginación.

El hombre nació en Buenos Aires el 6 de agosto de 1973 y es diseñador gráfico egresado de la Universidad de Buenos Aires, donde fue docente y Jefe de Trabajos prácticos de Diseño. En sus comienzos fue ilustrador y diseñador en el diario Clarín, realizando cientos de tapas de suplementos. Vivió y vive en Bariloche, de donde se fue y volvió, pero sus ilustraciones recorren el mundo. Fue publicado en los diarios La Voz de Galicia y El Diario de León, de España; en La Nación de Costa Rica, así como en The Wall Street Journal y The New York Times, de Estados Unidos y también en The Times, de Inglaterra; pero escribe además para Alemania, Australia, Brasil y Japón.

«Para quién hago los libros. No los hago para los chicos, no los hago para los adultos, no los hago para nadie en particular. Alguna vez dije que estoy escribiendo los libros que me hubiese gustado leer cuando era chico. Que me estoy regalando libros en diferido. Cada vez creo más que mi propia fidelidad estilística e intelectual tiene que ver con completar creativamente mi infancia desde mi presente”, dice el autor, eso movió nuestra curiosidad y acá estamos.



Del libro "Bifocal"

Del libro «Bifocal»; Editorial Edhasa.

Del libro "Finales"

«Alicia en el País de las Maravillas». Del libro «Finales»; Editorial Edhasa.



M. Hola Pablo, a veces nos gusta hacer un rápido viaje hacia el pasado, para conocer más al entrevistado. El trabajo de tus padres, científicos nucleares, te llevó de Colegiales a Bariloche, a tus cinco años, ¿fue dando vueltas en bicicleta alrededor de un reactor nuclear, que comenzó todo?, ¿cómo veías el mundo desde allí?

El mundo se veía enorme, y divertido. Mi entorno nuclear era para mí lo más natural que podría tener un nene de 7 años, y la forma en que mis padres se desenvolvían en el universo de las ciencias sentó bases que luego entendí fueron definitivas en mi vida.

M. Quisiste ser bombero o veterinario, pero devorabas revistas, diarios, libros. Además, te declaraste fanático de las historietas durante tu adolescencia, aunque nunca las dibujaste ni hiciste. Le contaste al propio Miguel Rep que recortabas sus tiras y armabas tus propios libros, ¿qué decías en esos libros?,
¿conservaste alguno?.

En realidad esos libros eran recopilaciones de la gente que admiraba, Quino, Fontanarrosa, Rep, Caloi. Recuerdo que yo armaba los libros, los encuadernaba, les escribía un prólogo, y cortaba mi propia selección de viñetas de cada uno de ellos. Aún los conservo. Tendría en ese momento unos 9 o 10 años.

M. Cuando empezaste a ser docente, contás que recién entendiste aquello que decía Saint Exúpery, quien afirmaba que había que estar muy seguro de algo para poder explicárselo a un niño. ¿Cómo aprendiste a hacerlo, por ensayo y error? ¿Un acierto y un fracaso que recuerdes, en la tarea de explicarle las cosas a tus alumnos?

Sí, algo así. Imagino que como bien dice Saint Exupery, en la voz del zorro, uno tiene que estar muy seguro de algo para trasladarlo a un niño. Y lo mismo me pasó en mi transcurso como docente universitario. Pero más allá de eso, el hecho de tener que macerar un conocimiento, digerirlo y luego recodificarlo para volver a entregarlo a alguien, es todo un ejercicio de honestidad y sinceridad, si uno se lo toma a conciencia. Y sé que yo lo hice. Me cuesta mucho decir cosas de las que no esté convencido, aún cuando sea contradictorio, mis propias palabras suelen ser nítidas en cuanto a este punto.

M. Sos diseñador gráfico egresado de la Universidad de Buenos Aires, fuiste docente y Jefe de Trabajos prácticos de Diseño. Nos atrevemos a mostrarte un dibujo…¿Qué ves?

boa

Veo la boa comiendo al elefante. O al elefante viviendo adentro de la boa.

M. Nos da mucha curiosidad saber cuándo decidiste que estudiarías diseño gráfico, sobre todo porque lo relacionamos con el talento para el dibujo, pero vos decís que no sos muy bueno en él, no lo podemos creer, tus ilustraciones son fantásticas, ¿cuánto hay de cierto en eso?. Al respecto dijiste en algún reportaje que aprendiste mucho haciendo infografías, y que tu estilo se fue construyendo a partir de las ilustraciones que tenías que repetir. ¿Qué te cuestionaban?, ¿alguna vez sentiste que era injusto?.

Bueno, lo que sucede es que mi lugar no es el del dibujo, sino a lo sumo el de la expresión visual. Mis dibujos a lápiz, por ejemplo, son deformes y estrafalarios, son mamarrachos, al menos en lo que concierne al ámbito profesional. Es cierto también que soy muy exigente conmigo mismo, y mi propia vara para medir se pone cada vez más alto. Pero si uno piensa en por ejemplo, Alonso, o H. Sábat, o Carlos Nine, que eran y son enormes dibujantes, el espacio se empequeñece. Por eso me traslado hacia la expresión visual, en donde los recursos, por ejemplo de la escultura o el collage pueden apaciguar esa exigencia realista que a veces necesita el dibujo. También entiendo que la poesía visual fue un camino que me ayudó a compensar muchas cosas, y estoy conforme con eso. No paro de repetir que mi interés está en primero el “qué” y después el “cómo”, y en este punto lo conceptual es determinante en mi obra.

M. “Bariloche es seco, contundente, duro, directo. Me gusta, yo también soy así”. ¿Te autodefinirías de esa misma forma, hoy?. ¿Quiénes y qué cosas pueden con esa dureza?.

Creo que no, que ya no podría definirme así. Supongo que me han pasado cosas, lindas, feas, más o menos, que modificaron para siempre mis callos emocionales. Hoy no puedo decir que soy duro, luego de todo éste tiempo y aprendí a ver a Bariloche con los mismos ojos.

M. Te considerás un autor, dijiste alguna vez que priorizás la comunicación a la expresión, pero tu trabajo es pura expresividad. ¿Por qué esa necesidad de que la gente entienda lo que escribís o dibujás, ese interés en comunicar lo más claro posible, un mensaje determinado?. ¿No es una forma de limitación?. ¿O es el temor de que se le dé a una obra tuya una interpretación opuesta a la filosofía que te inspiró, como sucedió con El diario del Capitán Arsenio, en Norteamérica? (nota de M. tal vez su libro más premiado y reconocido, fue interpretado con una mirada imperialista, justificándose el hacer lo que haga falta para poder triunfar). ¿Por qué te resultó aterrador? ¿Cuáles son tus miedos?

Ese interés es un vicio sano de mi carrera, supongo. Tiene que ver con el traslado del mensaje, desde un autor a un lector. Si bien con el tiempo aprendí a relajar esta parte, delegando en el lector las interpretaciones equívocas o libres, entiendo que me sigue importando mucho la prolijidad y precisión en las ideas que lanzo al mundo. Hice cosas, de cualquier manera, que contradicen éste dogma, cuentos que tienen muchas interpretaciones, pero aún así, yo sabía que estaba entregando historias en este sentido, es decir, me propuse expandir la mirada de los otros. Creo que puede ser una limitación, en algún punto, el ser tan exigente con los roles que le doy a la poesía, pero también creo que es una forma consciente de responsabilizarse por lo que uno hace. No me gustaría decir, por ejemplo, hago lo que quiero y que cada uno entienda lo que pueda. No sé, como padre de mis textos e imágenes, al menos en la parte de la crianza, los llevo hasta el máximo punto de entendimiento hacia el otro, es lo mínimo que puedo hacer.



Del libro "Finales"

«1984», del libro «Finales»; Editorial Edhasa.

Del libro "Bifocal"

Del libro «Bifocal»; Editorial  Edhasa.



M. La trilogía de poesía visual para adultos Retratos, Bifocal y Finales, fue un experimento para vos, con mucha repercusión, ¿cómo nació la idea?. ¿Alguno de los retratos molestó o incomodó a alguien?. ¿Considerás como algunos que Bifocal es el menos logrado, desde la óptica del interés en comunicar lo más claro posible?, ¿por qué elegiste finales y no comienzos?, algo que en literatura te hacen leer muchas veces, ya que suelen garantizar que el texto funcione.

La idea nace de ilustraciones que yo ya había hecho para Rolling Stone, Clarín, y otros medios en donde me pedían retratar a personajes. Tenía una colección de retratos hechos y pensé que si la completaba con personajes que me parecieran relevantes podía generar un buen experimento editorial. En todos los casos, primó por supuesto la impronta conceptual, y mi propia opinión sobre el retratado, eso es lo que proponía, en contraposición a lo que se puede lograr con una caricatura.
En cuanto a Finales, lo que elegí fue compartir esta anomalía que me persigue, que es leer el final de los libros. Me pareció que podía ser un buen disparador y aliciente para (como me pasa a mí) empezar los libros desde el principio. El hecho de condensar una obra por el último párrafo es todo un riesgo, pero en este caso estaba sustentado por la metáfora visual que iba a sostener esto.

M. De los cien finales que bocetaste, quedaron cincuenta y nueve, ¿nos contás además de Pedro Páramo, qué otros quedaron afuera?.

Bueno, por ejemplo quedaron afuera muchos de Stephen King, El resplandor, Cementerio de Animales, Maleficio, y de otros autores un montón de libros no lograban condensar el final en el último párrafo, o eran demasiado determinantes: Ensayo sobre la ceguera, La guerra y la paz, Oliver Twist, Rayuela, El mundo según Garp, Una vuelta de tuerca, El arco iris de la gravedad, El libro de la risa y el olvido… uff, un montón más!

M. Dijiste juntar de todo, pero no acopiar. “Se podría decir que soy un linyera esporádico”, dijiste gráficamente, ¿Bocetos o borradores también son descartados?.

No, los bocetos y los borradores los conservo en cuadernos, no demasiado ordenados pero sí estacionados en mi biblioteca. Me gusta, de vez en cuando rever los procesos de cada uno de éstos proyectos, desde la nada hasta el libro entero. Es toda una lección de progreso, supongo.

M. No te gustan los objetos desalmados, ¿qué objeto que pensaste que tenía alma, resultó no tenerla?.
En las antípodas, ¿qué objetos son los que considerás que tienen más alma?. Nos contás si tenés algún objeto, que hayas conservado como un talismán o amuleto.

Cierto, no me gustan, pero más tienen que ver con los objetos nuevos. Considero que los objetos que no han pasado por las manos de la gente o el tiempo son seres sin vida. A menos que su confección haya sido a mano, justamente, como una silla nueva o un zapato hecho por un zapatero de barrio. Puedo distinguir perfectamente uno de otro, y cada uno de estos objetos me vincula con una historia o un parecer diferente.
Hay muchos objetos que vienen cargados de alma (y esto es perfectamente demostrable) como máquinas de escribir, muebles, herramientas de carpintero, viejos ventiladores, teléfonos. En cada uno de éstos objetos ha transcurrido la historia y los ánimos, lo que yo hago es percibir y devolver.
Conservo muchos objetos claro, como algunas pipas que pertenecían a mi abuelo, tinteros, lámparas de una mina que tuve la suerte de explorar, esquís de madera, de todo. Pero también trato de no acumular muchas de éstas cosas porque si bien me conceden energía para generar historias, también es cierto que uno puede quedar impregnado de barnices que muchas veces no hacen tan bien.



Del libro "Mentiras y moretones"

Del libro «Bifocal»; Editorial Edhasa.

Del libro "El brujo, el horrible y el libro rojo de los hechizos"

Del libro «El brujo, el horrible y el libro rojo de los hechizos»; Editorial Primera Sudamericana.



Leyendo su libro Finales, me detuve muchas veces en uno o en otro, y cada vez, volví a admirarme de la fuerza de su trabajo. Fue el propio Bernasconi quien afirmo: “Adoro la poesía. Me parece uno de los registros más valientes y perdurables de la «época» moderna. La poesía es naturalmente tangencial, por eso es tan amable y delicada con nuestro ser sensible. Y es valiente, porque habiendo tantos otros registros y estímulos tanto más «efectivos» a la hora de comunicar un mensaje, la poesía sigue desmenuzando nuestras ideas con toda la fragilidad de la que es autora indiscutible. Así entra la música, la danza, el arte visual, las letras, que no son más que elementos a los que la poesía invita a jugar”.
Ahora que sabemos un poco más, se nos ocurre que entendimos algunas cosas, y queremos ilustrar lo que decimos. Por eso vamos a reproducir un final más:

«Mentiras y Moretones, relatos ilustrados» (2016)
de Pablo Bernasconi

“¿De quién son mis pensamientos? ¿Quién los piensa primero?
Miro al cielo despejado y me cuesta entender. ¿Está lleno o vacío?
Miro a la tierra y me cuesta entender. ¿Me sostiene o la sostengo yo?
Me miro por dentro y arriesgo.

                    Quizás sostenga yo
mi propio
cielo
inabarcable.”

Sin duda él sigue y sigue buscando respuestas, la curiosidad dicen que es la fuente de todo conocimiento. Me cuesta no imaginarlo mientras corría alrededor de un reactor nuclear, con un caballito de madera, cuando miro algunas de las pocas fotos que pueden encontrarse por allí.

Entonces pienso en sus Notas para un cuento, con todos los «Había…» que se le ocurrieron a él y se me ocurre parafrasearlo, como una forma de agradecimiento.

En esta historia que les compartimos:

Había un niño que jugaba en un laboratorio de verdad en una ciudad del sur de Argentina, que parece dura y seca, pero no lo es (él tampoco a esta altura).

Había una bicicleta que servía para dar vueltas en un jardín nuclear, por decirlo de alguna manera.

Había unos papás científicos que trabajaban en el Instituto Balseiro.

Había historietas por todas partes, Mafalda, la Humi, cuadernos con tiras propias a partir de las de Rep, y gran  admiración por Quino y Fontanarrosa.

Había un viaje a Buenos Aires, para estudiar diseño gráfico, la posibilidad de enseñar y trabajar.

Había un profesional que aprendió a fuerza de repetir las ilustraciones que le corregían.

Había un hombre que decidió volver a Bariloche, un linyera esporádico que junta maderas, alambres y objetos de todo tipo   para sus trabajos, que tienen cuerpo y alma.

Había una familia, con un papá, una mamá, y dos niños, Franco y Nina.

Había un autor talentoso que es un artista, al que le gusta mucho la poesía (él mismo la hace), y leer los finales de los libros, también pilotear aviones como su papá científico. Uno que como no es dibujante, desconfía de los perímetros y cree que los objetos flamantes son desalmados; por eso  mismo construye, de adentro hacia afuera, el alma de los objetos. Eso en lo que él confía.

Como todos saben, a algunos de nuestros entrevistados les preguntamos cómo “buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”, pero con él, recordamos el sentido de este construir nuestro y le preguntamos si nos regalaría una ilustración para Mégara.
Como resulta ser que él se olvidó, al parecer, de este pedido, nosotros echamos manos a la obra y armamos nuestro propio collage. Nada es casualidad. A la magia de sus trabajos, que tienen cuerpo y alma, le debemos la inspiración.

bernasconi-1

1 Comment

  1. Silvina De Rosa dice:

    Que lindo leer…escribo lo que me hubiese gustado leer de chico! Rescato esta frase con mucha atención. A bucear! La rueda sigue girando

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