La pequeña batalla de los días

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La pequeña batalla de los días

“Escribir me ayuda a curarme y a comprender”, asegura Piedad Bonnett. Esa idea me da vueltas al comenzar el armado de la reseña de La pequeña batalla de los días, una antología de su obra hecha por ella misma para ese sello editorial que nos cura las heridas. Llantén.

Antología de la propia obra. Un juego de palabras. Una rareza. O una autobiografía.

«autobiografía. 1. Género subterráneo//2. Autorretrato de otro», dice Andrés Neuman en Barbarismos (ese diccionario tan especial de Páginas de Espuma). Y a veces, otro es uno mismo revisitando la poesía de toda una vida, aún la no escrita.

“He visto que he envejecido. He visto mi voz hacerse diferente”, dijo en una charla en Cartagena de Indias, cuando el sello Lumen publicara su Poesía reunida.

Lo dijo con esa sonrisa luminosamente triste, mientras agregaba que no querría que la poesía la abandonara. Lo dijo ella por haber pensado que eso podía suceder, después de la muerte de su hijo Daniel.

Es que si la poesía comienza en la mirada, que la poesía te abandone es como quedar ciego.

A Piedad Bonnett le gusta la literatura “donde no pasan muchas cosas: Proust, por ejemplo, pausado, delicado.

¿Será que uno se identifica con lo que hace a la propia esencia? Seguramente, claro que la literatura donde no pasan muchas cosas es aquella en la que ocurre lo que de verdad importa: los milagros.

Nos dice Bonnett: “Saber del milagro de otros es lo que lleva a escribir poesía«,  y entonces recuerdo aquello de Chesterton: “Lo más increíble de los milagros es que ocurren”.

¿Acaso no es eso mismo lo que lleva a leer poesía? Creo que sí, pero en resumidas cuentas, si se trata de milagros y de vida, lo que lleva a escribir y leer poesía, es el amor. Tácitamente está dicho en el prólogo. Años de lectura fervorosa de poetas argentinos compartida con alumnos, la llevaron a dar el sí a unos jóvenes apasionados por la poesía que tuvieron la idea maravillosa de apostar a la edición de poetas foráneos.

Algo así como ir al rescate de esas voces para difundirlas, como sucede muchas veces en la vida que debemos ir al rescate de nuestra propia voz. Como hizo ella que temió en algún momento no volver a escribir poesía y sin embargo, pudo seguir batallando.

«Supe que podía compartir si lo que hacía tenía dignidad literaria. La literatura ha sido siempre un vehículo para el dolor. Lo autobiográfico es una manera de llegar a la literatura.«

Dignidad literaria y una gran belleza es lo que consigue reunir en esta obra. Esa belleza difícil de soportar, como dice la Litvinova, pero tan necesaria.

Pido al dolor que persevere.

Que no se rinda al tiempo, que se incruste

como una larva eterna en mi costado

para que de su mano cada día

con tus ojos intactos resucites,

con tu luz y tu pena resucites

dentro de mí […]

Si como ella dice, muchas veces un poema es una pregunta, cada lector podrá ir en busca de sus propias respuestas, conocerse mejor, perderse para encontrarse más auténtico.

«La literatura tiene la capacidad de hacer que nos conozcamos a posteriori. Si leo mi poesía trazo la línea de mi vida, de mis desconciertos a mis inconformismos. Me leo a mí misma


EDICIONES 

Mi ejemplar es de la primera edición del mes de abril del año pasado, y no es poco para la editorial que cura las heridas, que esta sea la primera publicación de Bonnett en Argentina.

La selección como ella misma confía en el prefacio, la confió a su intuición y antojo, buscando evitar el cansancio por un lado, y reconocerse sobre todas las cosas.

La compilación es exquisita y sin dudas constituye en sus propias palabras: “Un edificio de muchas puertas, por el que el lector deambule con curiosidad, y ojalá gozoso.”

¿Quién es Piedad Bonnet? Una escritora colombiana, nacida en Amalfi, Antioquia, en 1951. Poeta, novelista, dramaturga y crítica literaria, es Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de los Andes, donde ejerció la docencia en la facultad de artes y humanidades desde 1981.

La escritura, como señaló en alguna entrevista, le ha permitido revelarse como quién es realmente, sobre todo en el ámbito familiar. A mis papás yo les muestro quién soy a través de mis libros, pero no en una conversación.”

Pero es a través de su poesía, definitivamente, que muestra al mundo quién es, con un ejercicio de la memoria que permite esa conexión que ella cree existe entre la literatura y el alma del lector.

“La memoria es muy buena herramienta para mi escritura. Me permite comunicarme con el lector de un modo muy particular. La memoria, de alguna manera, también puede ser contagiosa. Aquello que uno vive puede ser sentido (a su manera) por el lector. Y eso a mí me ha sucedido con el libro sobre Daniel. Recibí centenares de cartas de lectores que habían sufrido algo semejante. La memoria nos unió. La memoria puede ser un motivo de recuperación, y también de dolor. Todo ejercicio de memoria conlleva un exorcismo.”


La memoria le permitió seguir escribiendo poesía, a partir de sus costuras, las cicatrices

No hay cicatriz, por brutal que parezca,

que no encierre belleza.

Una historia puntual se cuenta en ella,

algún dolor. Pero también su fin.

Las cicatrices, pues, son las costuras

de la memoria,

un remate imperfecto que nos sana

dañándonos. La forma

que el tiempo encuentra

de que nunca olvidemos las heridas.

Piedad Bonnett y Llantén. Tanta belleza.

 

 

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