Estampaciones

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Estampaciones

Sucede a veces que entro a un libro por la textura, como si al rozar su cubierta, algo se moviera  en mi interior y me llevara a descubrir que hay más allá. Otras es la estampa, es decir la figura impresa o grabada en esa cubierta, la representación de un dibujo, una pintura o una fotografía que me invita, me convoca, mueve mi curiosidad.

Estampaciones es uno de esos libros, uno de esos a los que se vuelve varias veces a lo largo del tiempo,  para buscar algo que está escrito allí, que uno sabe que leyó porque se sintió conmovido, y cobra significado al recordarlo.

Una estampación, según cualquier diccionario que tengamos a mano y en sentido estricto, es la acción y resultado de estampar, dejar escrita o dibujada una cosa sobre un papel, una tela u otra superficie, mediante presión con un molde.

De eso se trata o eso es lo que consigue con sus relatos la autora, cuya figura es la elegida para la portada.

“Esta mujer que mira desde el balcón es una estampa. Miradla:

       Asomada a la tarde. Silencio interior. Recogimiento.

       No sabemos bien quién es.

       Pero sí sabemos que está mirando.”

La fotografía es de Virginia Seguí. Difuminada en color lila esa primera imagen de la mujer que mira desde el balcón, se repite en un recuadro pequeño, que se convierte en una ventana más entre las ventanas que se ven de fondo e invita a mirar, haciendo cómplice al lector de cada historia contada de una manera singular.

Creo que en muchas de sus historias mucha gente normal y corriente podría verse reflejada, o encontrar sentimientos que también haya tenido. Y eso me parece interesante porque yo como lectora también le pido a quien escribe que me deje compartir su manera de ver el mundo.”

Compartir su manera de ver el mundo es lo que hace María Antonia Seguí Collar, conocida por todos como la entrañable Alena Collar, su seudónimo literario; ningún nik, aclaro, porque los nik no le gustan nada a ella, que vaya si es real.

Nada de virtual tiene Alena que es mucha Alena, como saben quienes disfrutan de leerla o seguirla en las redes; y su manera de ver el mundo, se percibe en cada relato como en cada una de sus palabras.

Estampaciones se abre con una dedicatoria que va desde lo íntimo –A mis padres- hasta lo universal –A mis lectores-, y continúa con un índice cuyo cuidado diseño semejante a un poema anticipa que la lectura será especial; tanto como cada historia de los veintiocho relatos que conforman un volumen armónico, con un cuerpo y una textura que lo distingue por su profundidad y la variedad de recursos.

En alguna entrevista Alena Collar confió a sus lectores que le interesa lo experimental en literatura, destacando a Thomas Bernhard, como un autor que le hizo aprender muchísimo de estructura narrativa.

Y esa línea de experimentación con el lenguaje y con las formas, se advierte en Estampaciones, si consideramos que la escritura experimental como movimiento literario que nace en los años 60 al finalizar el Realismo Social, echa mano a otros recursos técnicos y de expresión, como por ejemplo la propia indagación sobre los problemas que presenta la escritura o la confección de una historia.

“…Y ahora, niño, vendrá la luna a mirarte…

No le gustaba la frase para comenzar el relato.

Iniciar una narración con la luna y un niño no vende, pensó, y dio a borrar texto.”

Así comienza El relato, donde Alena Collar juega con la estructura y el lector piensa y disfruta, a medida que el desarrollo le permite observar un mismo acontecimiento desde diferentes puntos de vista. Ella juega con el espacio y el tiempo, los desconstruye mediante retrospecciones o anticipos de argumentos, y el lector se siente partícipe de la historia.

“Cuando se está solo mucho tiempo, cuando se ha acostumbrado uno a estar solo, cuando se ha adiestrado uno para estar solo, se descubren cada vez más cosas por todas partes, donde para los demás no hay nada”, dice Thomas Bernhard, y eso es lo que parece suceder con la autora de Estampaciones; que de la observación de lo cotidiano, saca como de una cantera, material para construir relatos llenos de significación, allí donde cualquiera no lo hubiera encontrado.

La escritura de Alena Collar es sobre cualquier adjetivo que pudiera atribuírsele,  invitadora. Invita a pensar, a imaginar y a soñar, todo lo que fue perdiendo terreno, con la tecnología por delante. Escribió Ana María Matute en Náufragos: “La lectura […] es una fábrica de sueños. Yo de niña me imaginaba los personajes, las ciudades. Tenía una idea fabulosa de la ciudad de Copenhague por lo que leía en Andersen, y cuando realmente la conocí, encontré mi sueño. Había un ilustrador ruso del siglo pasado que nunca pintaba al protagonista, lo ponía de espaldas para que el lector lo imaginara.”

Así, de espaldas como está  la mujer que mira desde el balcón.

Esa que bien podría decir como Bernhard: “Cuando digo que no me importa un pimiento el pimiento, quiero decir que no me importa un pimiento”, y que sabe muy bien, como también dijo el austríaco  que: “La ironía suaviza lo insoportable.”

Alena que es mucha Alena y escribe tan bien como mira, nos invita a mirar, a pensar, a imaginar.

¿Qué mira desde el balcón?

¿Mira la acera, mira otro balcón?

Ella mira todo y más allá, sin perder detalle, y escribe, claro.

¿Para qué escribe?, ¿por qué?, ella lo dice mejor:

“Para mí escribir es como respirar; no sé hacer otra cosa, así que me invento todos los medios que tengo al alcance para hacerlo.”

Recuerdo entonces un video que vi en las redes, su voz en off, el paso incesante de la gente en la feria del libro en Madrid, y ella sin aparecer, mirando para contar, tal y como escribe, descubriéndonos un mundo.


Ediciones

Mi ejemplar es de la primera edición de noviembre de 2009, de Editores Policarbonados.

Alena Collar es María Antonia Seguí Collar, profesora jubilada, periodista y escritora, además de Estampaciones, es autora de La Casa de Alena, Teatrerías, El chico de la chaqueta roja y más recientemente, la novela El retrato de Irene.

Pese a haber cerrado, en Internet pertenece al Foro Sensibilidades, del que sigue siendo miembro, y es además fundadora del Forum Letras Libres, dirige una Revista cultural y artística llamada Alenarte, y tiene su propio blog.

Además de escribir, lee: “Me gusta leer porque me abre puertas, me rescata, me hace imaginar mundos posibles, conocer gentes muy diferentes, me ayuda a saber y a comprender el hecho de vivir, me interroga, me pone delante de las injusticias, de la miseria, del dolor, me ayuda a ser mejor persona.”

 

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