Dibujo en tiza: atajo entre lo evanescente y lo perpetuo

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Dibujo en tiza: atajo entre lo evanescente y lo perpetuo


arte. Intersección entre la ciencia y el milagro.// 2. Capacidad de la belleza para sobrevivir

De Barbarismos, Andrés Neuman. Editorial Páginas de Espuma.


De los dibujos en tiza, leí, en forma reiterada, que se los califica como evanescentes. Ahora bien, si por evanescente se entiende lo que se desvanece o se esfuma como el humo o el vapor, mal podríamos decir que esta forma del arte es tan efímera.

Ello, sin desconocer que el arte como herramienta para expresar estados del espíritu, puede a veces resultar en sí mismo algo esquivo, evanescente o fugitivo. En definitiva, la inspiración plasmada en una obra, puede desaparecer bajo los pies de caminantes que ni siquiera se detienen. Ni un minuto, doy fe. Nadie me lo contó, lo observé al detenerme para fotografiar alguna, y tener que esperar en ocasiones un largo rato, para que dejaran de pisarla, y casi, casi, evitar que me llevaran por delante.

Cotidianamente camino por el barrio de Belgrano, una mezcla de espacios verdes deslumbrantes, casonas señoriales y árboles que abrigan; con edificios enormes que crecen y se multiplican, sin observar armonía alguna. Mucha gente, bocinazos, smog, infinidad de líneas de colectivos, y sombra a cualquier hora del día. Hacia las Barrancas, sobre la calle Juramento, está el Museo Larreta, que fue la residencia del escritor argentino Enrique Larreta, cultor de la literatura y el arte español.

En dos esquinas del museo, las del cruce con Vuelta de Obligado y Cuba, se ubica Luis, el dibujante. Un artista callejero, a quien podemos suponer que es un hombre creyente, a juzgar por las citas bíblicas que escribe. Alguna vez escuché que le preguntaban si le apenaba ver cómo desaparecían sus dibujos. Contestó que no, era la posibilidad de hacer dibujos nuevos.

Él es un retratista, dibuja a partir de fotografías, personajes reconocidos por la gente, futbolistas, actores, cantantes, y también rostros ignotos, sumamente expresivos.


A slight accident in a Railway Station in Zurich (Switzerland)

Ahora si se trata de artistas reconocidos internacionalmente, tenemos que mencionar al inglés, Julian Beever, creador del  trompe-l’oeil, término francés que literalmente significa “engañar al ojo”. Sus  dibujos de tiza sobre el pavimento, comenzaron a difundirse, desde mediados de la década de 1990, a partir del desarrollo de su arte, merced a la técnica utilizada: la anamorfosis. Se trata de una técnica de proyección para crear la ilusión de tres dimensiones, cuando se ve desde el ángulo correcto, que además posibilita al artista, ubicar una persona dentro de la imagen. Hiperrealistas sus obras han dado la vuelta al mundo, merced a la fotografía que consigue inmortalizarlas.

La anamorfosis, se basa en pintar «más grande lo que está más cerca y más pequeño lo que está más lejos«, explicó alguna vez Beever, quien afirma que su arte no es para nada evanescente. Para él, la obra termina con la fotografía que toma al final, desde ese punto concreto, fantástico y sorprendente que le da dimensión a un dibujo hecho sobre un mismo plano.

Los que lo han visto trabajar, cuentan que durante todo el proceso, viene y va de la superficie donde trabaja, generalmente el pavimento, a una cámara fotográfica que tiene instalada frente a la obra, y va tomando imágenes del dibujo para lograr la perspectiva correcta. Lo que me pareció más asombroso fue enterarme que los motivos deben dibujarse distorsionados, para verse, después, en tres dimensiones.

 


Decenas de obras después, presentes en la web con una difusión enorme, invitado por distintas entidades, a distintos lugares del mundo, él sigue diciendo que aún sigue aprendiendo.

Ants : a colony of leaf-cutter ants builds a bridge in Buenos Aires (Argentina)

En abril de 2008, estuvo en Buenos Aires, trabajó en el Obelisco porteño, en una obra de grandes dimensiones, una colonia de hormigas, con la que pretendía exaltar el trabajo en comunidad, para la empresa Movistar.

Beever manifestó en más de una ocasión, y en distintas entrevistas, que «el arte es para cualquiera, y no solamente para los técnicos, los historiadores o los expertos«. En consonancia con su pensamiento, es que permite que la gente interactúe con sus obras. Se pueden tocar, fotografiar y es increíble ver cómo literalmente se mimetizan de tal forma, que pueden acostarse o pararse sobre ellas.


Self-Portrait Of The Artist With Liquid Refreshment. (Brussels, Belgium)

Julian Beever nació en Cheltenham, Reino Unido, en 1959 y se graduó en Arte en la Universidad Metropolitana de Leeds, aún cuando trabajó en diversas actividades para financiar sus viajes y realizar su arte.  Cuentan que sus trabajos eran tradicionales, pero algo cambió para él, un día cualquiera, al observar mientras caminaba por Bruselas, el efecto producido por los adoquines que habían levantado durante una reparación de la calle.

Iluminación y perspectiva, era todo lo que necesitaba para hacer más viva y corpórea su obra. Definitivamente lo consiguió.

 

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