Biografía en los saquitos de té

Quiero rodearme de amor, que lo hay a raudales
9 diciembre 2018

Biografía en los saquitos de té

Té. Tea. Thé. Cha. Chai.

Distintas formas de nombrar algo tan simple como unas hebras que con un poco de agua en su punto justo de ebullición y a cualquier hora, tienen la capacidad de crear una atmósfera. Lo mismo consiguen unos buenos poemas cultivados con paciencia.

“Todos buscamos nuestro latido en la vida”, dice Inés Bertón, y ella sabe de esto, es una buscadora de té y aprendió de la gente de la tierra, el respeto y el amor por lo que hace.

“Biografía en los saquitos de té” es el poemario de una mujer que nació en Townsville, ciudad situada en la costa noreste de Australia, frente a la Isla Magnética y la Gran Barrera de Coral a poca distancia en ferry. Una mujer que creció fascinada por el mito de esa isla con poderes.

Australia es una tierra con profusión de mitos y leyendas diferentes, por la gran cantidad de tribus que compartían territorio pero no la lengua y creencias. En común solo tenían el desarrollo de las historias en el Dreamtime o era del sueño, donde encuentran los antepasados y la procedencia del origen del mundo.

La población aborigen australiana se formó con distintas oleadas de inmigración desde Asia, y su mitología está formada por un conjunto de historias de tradición oral, cuya esencia reside en una fuerte conexión con la tierra y la naturaleza, integrada por todo ser vivo, desde un gusano hasta el hombre, y también por los muertos.

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Mi lugar común es el bosque

Es lo que va a volver

Como misterio    El lugar

Donde sigo los rastros

Que trae el viento

Lo que puedo oler

En la corteza de los árboles

Y donde llevo a mis amigas


¿Pero, por qué el título del libro?, ¿se puede resumir la propia historia en los saquitos de té? Definitivamente sí, entendido el té como un lenguaje, como aprendió la Berton de su maestra Fumiko Takahashi, quinta generación de maestros de té. “Me hacía leer a Simone de Beauvoir y discutirlo. Meditar 24 minutos por día, uno por cada hora. Empecé a ver con ella la arquería, el arco y flecha, sus tres principios –no mente, no miedo, no ego– y aprendí a trabajar el foco. El foco es fundamental para trabajar y crear.”

Westonia tiene ochenta años y ochenta son los poemas de su biografía, y es desandando cada verso como podemos reconstruir el derrotero de una vida azarosa. Ella dejó su tierra de sueños y volvió a escribir. Ella que vivió en otras tierras, que supervisó la construcción de una cabaña en Canadá y dejó Escocia como antes la tierra de sus ancestros, volvió a escribir en el sur de este país donde no se habla su lengua.

2

El saquito de té

Suelta su secreto

A altas temperaturas

Me podía quedar quieta

Viendo la pava hervir

Silbar unos minutos su llamado

Como en su momento oí

Mi escritura bullendo    Guardada

Lo que puede permanecer

Tanto tiempo al fuego

Tiene que ser poderoso

 

Tan poderoso como para escribir pasadas tres décadas de silencio. Como para atraer a quien había callado la lengua aprendida y heredada. “De mis abuelos aprendí el inglés. Cuando murieron me quedé sin interlocutores, perdí el interés por hablarlo y se convirtió en una suerte de lengua muerta. Abrí un blog de traducciones y un día recibí un comentario de Westonia Murray, una mujer de 80 años que quería tomar clases de castellano conmigo.” Así cuenta Tom Maver, en la introducción al mundo de esa mujer de la que no conoce su traductor ni siquiera la voz, y que apenas habló de su abuela malaya. La misma que le confió que retomó la escritura al llegar a la Argentina e instalarse en el sur, un país donde no se habla su idioma. “Dijo que los poemas eran doblemente íntimos de esta manera.

8

Tomando té tras té de manzanilla

Cuento los años

Que estuve sin escribir

Que amé solo a algunos hombres

Que estudié en la academia

Soñando con ser la que no era

Me armé de desobediencia

La noche que perdí

La virginidad

Con otra mujer

17

En las laderas de Malasia

Nacieron mi madre

Y el té    Ella me enseñó

A escribir y yo empecé

Con notitas y cartas graciosas

Y con ellas envolvía hierbas fuertes

Que dejaba en las cartucheras

De mis amigos

Cuando mi mamá se enteró

Me dijo     Sos un té negro

Que humea

 

Westonia Murray. Un té negro en su punto justo.


EDICIONES

Nuestro ejemplar es de la primera edición de noviembre de 2017, de esa editorial exquisita que es Llantén, y la traducción de los cortos poemas de Westonia es de Tom Maver, quien en la introducción nos confía: “Traducirlos fue sentir que entre la lectura y la escritura había un roce, las manos que traducían al castellano tapaban los ojos que leían en inglés. Westonia me habló de la erótica de la memoria y yo espero que para los lectores ocurra una erótica de la lectura”.

La ilustración de tapa es tan bella como todas las que crea Josefina Wolf, a quien escuché decir, a propósito de otro de sus trabajos para la editorial, que  uno nunca se va del lugar donde nació aunque físicamente viva en otro. Como ella, que viene del río.

A propósito de Llantén, ¿cómo explicarles qué es? Una editorial argentina, sí, claro, de traducción y difusión de literatura extranjera pero no extraña, “que es un poco divulgar formas del regreso” como bien dice Natalia Litvinova. Una editorial con muchas propiedades curativas para el lector, entre las que sobresalen las cicatrizantes y purificadoras de la sangre de quienes comparten el amor por “esta pequeña reclusión que es la literatura” y otros gustos superlativos, como por ejemplo “la quietud y ese modo de excavar que es la repetición”, tal como confiesa Tom Maver.

Una editorial que alberga sueños y proyectos, que sabe de buenos refugios como los que comparte Josefina Wolf: “la lectura, las plantas nativas, dibujar, la observación de las aves, mi casa y mis mascotas”. Una editorial extensa “como la llanura y el cielo interminables y desconcertantes”, que lograron hechizar a Nina Kaelin, que creció con el viento, las colinas verdes y el mar.  Una editorial de poesía que conmueve como todo lo que está hecho con amor, esa fuerza que sigue moviendo el mundo y rescatándonos de tanta hostilidad y desaliento.

“No olvidéis que la poesía, si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva, es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin, cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor”, como dijo Juan L. Ortiz.

Fotografía: Sprey, composición sobre pintura Danza, original de Paz Bardi

 

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